La Génesis del CTT (2003)

Con mi compañero en la dirección del Centro, Naum Poliszuk a quien acompaño en otro programa de talleres universitarios en los barrios de extensión Universitaria llamado “Sociales sale a la Calle”, comenzamos largas charlas sobre la difícil situación de trabajo que vivían los estudiantes y cuanto les estaba costando poder estudiar.

La cantidad de inscriptos en la Facultad de Ciencias Sociales, venía creciendo en forma continua durante los últimos años, hasta desbordar su capacidad. Ello obligó a habilitar horarios inusuales en la historia académica de esta institución para cursar las materias. A los horarios tradicionales de 7 a 9 horas y de 19 a 23 horas se agregaron cursos a las 11 de la mañana, a las 15 horas y a las 17 horas.

Cualquier estudiante que tenía una posibilidad de trabajo debía decidirse entre realizar su carrera muy lentamente, es decir, solo cuando le surgieran las materias en la noche, o directamente abandonar los estudios.

La cátedra que dicto en la facultad, es teórica y práctica. Esta práctica es mucho más sencilla si los estudiantes tienen alguna experiencia mínima de trabajo. Por lo general armaba grupos de tres personas donde por lo menos uno de ellos trabajaba y de esta forma podía ayudar al resto. Con el correr del tiempo los grupos tuvieron que ser de 4 personas y llegamos a armar grupos de 5 y 6 personas porque en muchas ocasiones apenas encontrábamos que uno de ellos trabajara. La crisis laboral se había acentuado en nuestro país producto del receso económico que comenzó a mediados de la década del 90.

Así comenzamos a estudiar si el teletrabajo podría ser una herramienta para que muchos de ellos pudieran trabajar y estudiar al mismo tiempo. Nos juntábamos con mi compañero Naum a leer varias veces en la semana y los miércoles todo el día, viendo experiencias de diferentes países, así conocimos sobre la experiencia de Hungría, de la India, de Irlanda, de los países del norte de Europa, y también de Estados Unidos, entre otros. Durante muchos meses nos reunimos a leer y a estudiar sobre las TIC s y su influencia en el trabajo y se nos ocurrió que podríamos hacer un nuevo proyecto que se sumara al que ya teníamos de talleres.

Como soy sólo profesora y no realizo ninguna otra actividad en la facultad, primero averiguamos si podía haber otro proyecto similar para sumarnos a él. No encontramos equivalencia a nuestra idea.Así fuimos a visitar al Director del Instituto de Investigaciones Gino Germani, Dr. Federico Schuster, y al decano de ese momento el Dr. Fortunato Mallimaci para plantearles nuestra inquietud. El decano nos propuso preparar un proyecto para la facultad y así fue, trabajamos en el armado de un proyecto que no sea solo de investigación sino que nos permitiera de alguna manera transformar la realidad de muchos jóvenes.

Finalmente presentamos el proyecto en mesa de entradas, donde nos dieron un famoso número de expediente, que se convirtió durante varios meses en un pariente cercano. Andábamos con el número de expediente siempre encima y sabíamos cada metro que recorría dentro de la facultad. No le perdíamos el rastro ni un minuto. Sabíamos como se demoraban estos tramites y estábamos decididos a que se aprobara ese año. Nos turnábamos con Naum para ver quien iría a preguntar cada semana, donde estaba, en que secretaria se trataría.

El proyecto de un Centro de Teletrabajo y Teleformación confundió un poco a los funcionarios, pues no sabían de quien debía depender, por teletrabajo seria Extensión Universitaria pero por Teleformación podría depender de Secretaria Académica. Primero fue a Secretaria Académica, quien lo rechazo, y lo envió a Extensión pues la vinculación con la sociedad era realmente fuerte. Extensión no entendió el proyecto y también lo rechazó, así que tuvimos que preparar una exposición sobre el tema para los miembros de la comisión que se reunían cada 15 días.

Allí fuimos. Luego de dialogar sobre varios temas, nos enteramos que esta facultad no tenía y no tiene una sola computadora a disposición de los alumnos, los convencimos de que no era necesario que los estudiantes teletrabajen en la facultad, sino en cualquier otro lugar donde contaran con tecnologías.

Ya cuando casi pensábamos que no lo lograríamos ese año, el proyecto se aprobó el 19/12 en la última sesión del 2000, por resolución del Consejo Directivo Nº 2069.

 

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