Teletrabajo



Paula Maciel
paumaciel@yahoo.es

15 de junio de 2006
Diario de viaje. Plantando semillas de teletrabajo.

Esto que estoy haciendo ¿Será teletrabajo o no? Después de todo, los teletrabajadores por cuenta propia somos, también, un poco inventores. Primero se nos ocurren las soluciones a los problemas y después, si queda tiempo, les ponemos nombre.


Cuando, lejos de mi casa, defino con mi socio, por Chat, quiénes concurrirán a una reunión a la que yo no voy a asistir, está muy claro. Eso sí es teletrabajo. Cuando envío por correo electrónico un artículo, también. Cuando reviso un sitio de Internet y mando el informe, es. Cuando armamos una publicación colaborativa entre varios autores, sin habernos visto nunca las caras, sí es. Cuando asisto a una reunión a través de una Plataforma Virtual, también. Cuando mis alumnos me buscan en el Chat a horas desusadas, igual.

Pero esto, que yo he bautizado como “plantar semillas” ¿Será o no será?

Les cuento: una persona que conoció mi trabajo a través de listas de correo, me invita a dar una conferencia en México. Acepto. Envío la ponencia por mail. Es aceptada. Empiezo los trámites: el pedido de representación a la Universidad, pasajes, seguros, alojamiento en casa de amigos… casi todo por correo electrónico, teléfono, fax.

Escribo a varias listas de correo y recibo no sé cuántas respuestas de gente diciendo que quiere conocerme. Casi todos por temas vinculados a mi profesión, así que casi todos los encuentros (ahora sí, cara a cara) son casi entrevistas de trabajo. “Hagamos un convenio con tu universidad;” “Queremos publicar algo tuyo;” “Revisa el sitio de nuestra institución, porque quememos cambiar el diseño;” “Nos interesan tus investigaciones, haz una propuesta;” “armemos una revista.” Ufffffffff! Es muy interesante ponerle caras a los correos, pero también es un vértigo. Esas reuniones no son teletrabajo, pero, con suerte, lo serán. Es como las semillas. Uno planta muchas y con suerte, alguna germina.

Esa parte no debe ser teletrabajo, seguramente, porque he tenido que mover bastante más que los dedos. Esta ciudad es enorme, inabarcable. Es una buena ciudad para ser teletrabajador, porque todo queda enormemente lejos. Luego llego al lugar donde me estoy alojando a darle al teclado otra vez. Escribirle a mi jefe por lo del convenio. Revisar el sitio que me pidieron y mandarlo a otro revisor. Armar una propuesta de publicación. Enviar el resumen de las investigaciones. Planificar reuniones, presenciales y de las otras. Escribir cosas como esta. (Todavía me falta otro artículo que debo)

Esto último, seguro que no es teletrabajo, porque no es trabajo, es placer puro (¿Será Teleplacer?) No, tampoco es eso que ustedes imaginan….

Arturo Hernández fue mi compañero de estudios en el bachillerato, aquí en México. Si les cuento que ahora es coordinador de una carrera, se pueden imaginar cuántos años hace. Cuando yo me fui a vivir a Buenos Aires, intercambiamos cartas (A mano y por correo postal) durante años. Luego, nos perdimos de vista. Era una de las personas que deseaba recuperar. Gracias a que él ocupa ese puesto, figura en el sitio de Internet de su universidad, con foto y un correo de consulta para alumnos. La foto me resultaba dudosa (Han pasado muchos años) así que le envié un correo muy respetuoso: “Disculpe si me equivoco de persona…” (Ser respetuoso en México es todo un arte) Y me contestó. Sí, era. Mañana vamos a vernos. Otro milagro de Internet.

Y ahora los dejo. Me voy a comer con mis amigos, porque la comida es una de las pocas cosas que no es virtualizable.

Paula Maciel
paumaciel@yahoo.es

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