Teletrabajo


Fuente:
Fragmento extraído de UNCTAD/PRESS/PR/2004/023
22 de septiembre de 2004
LA DESLOCALIZACIÓN DE SERVICIOS, ¿EN EL PUNTO DE INFLEXIÓN?
http://www.unctad.org/Templates/StartPage.asp?intItemID=2068&lang=3

15 de Abril de 2005
Deslocalización de servicios: Ventajas para los países receptores y los países de origen

El costo es desde luego uno de los principales motivos, y entre el 70 y el 80% de las empresas entrevistadas en distintos estudios citaron los costos más bajos como motivo principal para deslocalizar funciones de servicios.

Las empresas encuestadas suelen mencionar economías del 20 al 40%, no sólo por la posibilidad de disponer de mano de obra barata, sino también por la agrupación de actividades en menos lugares y por las economías de escala.

La agrupación de actividades permite a las empresas especializarse cada vez más; los trabajadores adquieren un mayor nivel de cualificación; algunas tareas es posible normalizarlas cada vez más; y los procesos de descripción de las especificaciones de los puestos de trabajo y de contratación de trabajadores para ocuparlos se simplifican cada vez más, al ir adquiriendo ambas partes en la transacción más familiaridad y experiencia. 

Estas ventajas pueden elevar la calidad al mismo tiempo que reducen los costos, lo que ayuda a explicar por qué la deslocalización ocurre tanto en países desarrollados como en países en desarrollo.  

"El costo es solamente el elemento disparador", explica Karl P. Sauvant, Director de la División de  Inversiones  de la UNCTAD. "Muchas de las empresas pioneras en deslocalizar servicios lo hicieron para tener acceso a conocimientos especializados y mejorar la calidad de los servicios prestados. Y mantienen la deslocalización -e incluso la amplían- con el fin de aprovechar  todas las ventajas que se derivan de la división internacional del trabajo en la producción de servicios."  

Las posibilidades que se les ofrece a las economías en desarrollo y las economías en transición de beneficiarse de la deslocalización de servicios serían, en consecuencia, grandes.  Las principales ventajas para los países receptores son el aumento de los ingresos de exportación, la creación de empleos, los salarios más altos y la elevación del nivel de cualificacion de sus trabajadores.

La IED en la deslocalización de servicios puede crear nuevos efectos indirectos positivos en forma de mejora de la competitividad de los recursos humanos y de modernización de la infraestructura de las TIC. 

Además no produce los efectos indirectos negativos que suelen ir asociados a otras actividades económicas, tales como la contaminación del medio ambiente o la sobreexplotación de los recursos naturales.  

De hecho se trata de una situación en la que todos salen ganando, pues la deslocalización ofrece ventajas también a los países de origen.

En primer lugar, permite a sus empresas reducir costos y mejorar la calidad y la prestación de los servicios, lo que aumenta la competitividad de esas empresas, con efectos positivos para la economía del país de origen.

En segundo lugar, gracias a ella los países de origen pueden pasar a desarrollar actividades más productivas y de mayor valor, dependiendo de la capacidad que tengan de adaptarse a los cambios en las ventajas comparativas. 

El impacto sobre el empleo probablemente será similar, aunque inferior, al de los cambios tecnológicos, que hacen que algunos puestos de trabajo ya no sean necesarios y crean otros, generalmente con niveles salariales más altos. 

Por último, los países receptores que salen ganando con la deslocalización de servicios e ingresan más divisas gastan más en importar los productos avanzados que exportan los países industrializados.  

En consecuencia, esta nueva tendencia de la división internacional del trabajo acarrea ventajas tanto para los países de origen como para los países receptores.  

Las preocupaciones deben  afrontarse, pero el proteccionismo no es la respuesta. Sin embargo, existen  preocupaciones a corto plazo que hay que abordar. Todos los cambios que se producen en las ventajas comparativas entrañan costos de ajuste económico. 

Es posible que un cierto número de puestos de trabajo ya no se necesiten en empresas que proceden a deslocalizar servicios, y probablemente habrá un penoso período de transición mientras los trabajadores afectados por la deslocalización buscan un nuevo empleo. 

Muchos tendrán quizás que adquirir nuevos conocimientos o trasladarse a nuevos lugares para poder encontrar trabajo.  

El  reto para los países de origen es reducir al mínimo esos costos de ajuste social y técnico y conseguir que el proceso de transición sea lo más fácil y eficiente posible para los trabajadores directamente afectados.

Ahora bien, sería una política miope adoptar medidas para obligar a que se queden en el país los puestos de trabajo de estos servicios.  Por el contrario, lo que hace falta son políticas que fomenten la educación, la formación profesional y la I+D.  

Los intentos de contener la deslocalización sólo servirían para dar más argumentos a los críticos de la mundialización, que sostienen que los países ricos apoyan la mundialización solamente cuando cosechan sus beneficios inmediatos.

En consecuencia, en vez de aplicar medidas proteccionistas, a los trabajadores de cuello blanco de los países que ven amenazados sus puestos de trabajo se les podría proporcionar asistencia (por ejemplo, mediante programas de readiestramiento profesional o ayudándoles a buscar un nuevo empleo), similar a la asistencia para la reconversión industrial proporcionada a los trabajadores afectados por esa reconversión en el sector manufacturero. 

A los trabajadores que pasaran a ocupar los nuevos puestos de trabajo se les podría ofrecer un "seguro de salario" que cubriese una parte de la diferencia entre su salario anterior y el salario futuro.  El ajuste a cualquier cambio en los patrones de empleo requiere una mayor movilidad laboral y cambios en los perfiles de  cualificacion  de los trabajadores.  Impedir el ajuste a causa de sus costos no sería más que un paliativo a corto plazo y podría muy bien obstaculizar el crecimiento de la renta y el empleo a más largo plazo. 

En última instancia, las medidas proteccionistas quizás destruyan puestos de trabajo en los países importadores en vez de salvarlos.

Dadas estas perspectivas, en el World Investment Report 2004 de la UNCTAD se insta a mantener un marco internacional favorable que permita a todos los países beneficiarse de las ventajas que ofrece la revolución en  la comerciabilidad de los servicios.

Los países en desarrollo, en particular, deberían poder seguir  aprovechándose de sus ventajas comparativas para beneficiarse de la mundialización de las TIC y de los servicios basados en estas tecnologías. Los cambios en las ventajas comparativas raras veces proporcionan beneficios inmediatos y visibles a todos los interesados.

Teniendo esto en cuenta, las economías de las que se deslocalizan servicios a otros países deberán asegurarse de que sus trabajadores compartan los beneficios que obtienen las empresas que se vuelven más competitivas y de que los clientes consigan servicios mejores y más baratos.

Por lo tanto, el reto está en mantener un entorno en el cual los beneficios de la IED en el sector de los servicios en general, y de la IED en la deslocalización de servicios en particular, se puedan materializar.

En relación con  todo esto, quizás convenga tener en cuenta el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios.

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