teletrabajo

Por Liliana Mónica Tarbuch
juzgado34@cnat.pjn.gov.ar
Trabajo a distancia como actividad dependiente
Hasta la década pasada el desarrollo de la relación laboral, en su casi mayoría, era puertas adentro de la empresa.

El derecho regía por entonces contrataciones de características uniformes -un lugar físico invariable para el desarrollo del trabajo, cumplimiento de horario, protección del trabajador a lo largo de su traslado de casa a la oficina o fábrica- que se fracturaron con la externalización del trabajo provocando la novedad de que la relación pueda prestarse desde cualquier parte del mundo y desarrollarlo para cualquier empresa.

El valor agregado de esta nueva relación está en la manipulación de la información que permite disgregar la actividad laboral y modificar las relaciones de empleo típico hasta ese entonces conocidos. No cabe duda que la atipicidad que caracteriza al teletrabajo escapa a la rigidez normativa ideada para el trabajador fabril y exige un tratamiento diferenciado.
Esta innovadora forma de organización del trabajo impone la regulación adecuada tendiente a impedir, como sucede en algunos países, que a los teletrabajadores se los califique jurídicamente como trabajadores autónomos, en casos en los que se esconde una verdadera relación laboral con peculiaridades propias pero dependiente al fin.
Tendiente a evitar subterfugios de evasión a la reglamentación deben dictarse normas claras, orientadas a señalar las pautas indispensables que impida que la relación sea arbitrariamente calificada como trabajo autónomo en los casos en que las características propias de la relación exijan sumisión al régimen laboral. Este presupuesto sustantivo tenderá a evitar que sean burladas las normas laborales.
Oportuna sería la creación de un estatuto jurídico específico para reglar las tareas del teletrabajador, y en forma más ambiciosa, es recomendable su tratamiento en el orden internacional tendiente a evitar la vulneración de normas locales. No ignoro que la forma de ejecución de la prestación agrega un plus de complejidad, a esta nueva forma de trabajo, y es por ello que se impone, aún mas, la necesidad de la precisión de la regulación para intentar despejar en la forma mas acertada la dificultad de escuadre jurídico."

ENCUADRAMIENTO Y ACCION PROTECTORA

Si bien es cierto que el derecho tiene por naturaleza vocación de permanencia, no lo es menos que normar es intentar regir las relaciones sociales en el tiempo, con ánimo de perdurabilidad, situación que testimoniaría su logro.
La perdurabilidad de la seguridad jurídica descansa en la existencia de una codificación útil, eficaz y capaz de canalizar los cambios socioeconómicos y culturales que se dan en el seno de la sociedad.

Las relaciones que rige el Derecho del Trabajo, se ven afectadas por modificaciones más cambiantes que las conductas regidas por el Derecho Común, son estos requerimientos sociales los que exigen adaptarse a los procesos de variación con una reconstrucción normativa que asegure la conservación de los niveles de tutela perseguidos en aquel derecho especial.
No debemos olvidar que hasta la década pasada el desarrollo de la relación laboral, en su casi mayoría, era puertas adentro de la empresa. El derecho regía por entonces contrataciones de características uniformes -un lugar físico invariable para el desarrollo del trabajo, cumplimiento de horario, protección del trabajador a lo largo de su traslado de casa a la oficina o fábrica- que se fracturaron con la externalización del trabajo provocando la novedad de que la relación pueda prestarse desde cualquier parte del mundo y desarrollarlo para cualquier empresa. El valor agregado de esta nueva relación está en la manipulación de la información que permite disgregar la actividad laboral y modificar las relaciones de empleo típico hasta ese entonces conocidos. No cabe duda que la atipicidad que caracteriza al teletrabajo escapa a la rigidez normativa ideada para el trabajador fabril y exige un tratamiento diferenciado.

Esta innovadora forma de organización del trabajo impone la regulación adecuada tendiente a impedir, como sucede en algunos países, que a los teletrabajadores se los califique jurídicamente como trabajadores autónomos, en casos en los que se esconde una verdadera relación laboral con peculiaridades propias pero dependiente al fin.
El pretendido alejamiento de los alcances del Derecho del Trabajo tiene por norte el abaratamiento de costos, vale decir que la finalidad primordial radica en el interés rentable de las empresas por encima de la realidad de la relación que los une. Sabido es que desde el período preindustrial todo trabajador externo era encuadrado como independiente, por la sola circunstancia de desarrollar su actividad en forma externa.
También, como en otras actividades la necesidad de especialización en conocimientos de tecnología e informática, pueden provocar un encuadre profesional de actividad liberal, y propender a desplazar otro requisito del trabajo dependiente, la sumisión a directivas de trabajo y correspondiente control.
Claro es que en nuestros días, la suma de idoneidad profesional para la tarea que se desempeña y la descentralización de la producción no son ingredientes que puedan ser calificados como presupuestos invariables de una relación independiente. Cada caso debe ser analizado en particular y los caracteres indicados precedentemente no deben conllevar invariablemente a una relación al margen de la protección del Derecho del Trabajo.

Tendiente a evitar subterfugios de evasión a la reglamentación deben dictarse normas claras, orientadas a señalar las pautas indispensables que impida que la relación sea arbitrariamente calificada como trabajo autónomo en los casos en que las características propias de la relación exijan sumisión al régimen laboral. Este presupuesto sustantivo tenderá a evitar que sean burladas las normas laborales.
Nótese que el fenómeno de deslocalización favorece a que las empresas extiendan su área de influencia provocando la incorporación, a su plantilla, de trabajadores localizados fuera de los límites fronterizos del país en que aquellas tienen su asiento. Si bien esta exportación de trabajo favorece el desarrollo de zonas apartadas y frena la migración de países en desarrollo, la pregunta a responder es que regulación normativa regirá este tipo de relación laboral.

Acaso resulta conveniente dejar librado a la libertad de los particulares contratantes la designación del derecho aplicable?, aceptar tal liberalidad no atentaría contra el espíritu protector que caracterizó siempre a nuestro derecho laboral? Y si nada se acuerda, sería conveniente la aplicación de la lex locis laboris?, pero si el teletrabajo es del tipo móvil, que norma debe aplicarse?, sería conveniente la del asiento de la empresa?, será adecuado aplicar el derecho laboral tradicional a las cuestiones sobre jornada de trabajo, duración mínima de vacaciones, salario mínimo, agencias de trabajo temporal, seguridad e higiene, protección de las mujeres en maternidad y embarazo, protección de niños y jóvenes, igualdad de trato?. Estos interrogantes, y muchos mas, no deben permanecer sin respuestas ante el avance irrefrenable de esta nueva modalidad de trabajo que tarde o temprano arribará a nuestro suelo, porque estamos en condiciones de ofrecer en el mercado laboral mano de obra cualificada y a bajo costo.

Sería recomendable que la regulación nazca del seno de la negociación colectiva para que, como ocurre en otros países, normen para cada actividad y velando por las características propias de cada sector, limites cuantitativos de tiempo en que el trabajador debe realizar la tarea con características que definan su encuadre. Esta valoración, cuantitativa, fue recogida en el Convenio Colectivo de la empresa Siemans Nixdorf S.A. y en la doctrina alemana por Gaul quien sostiene que "se está en presencia del teletrabajo cuando más del 50% del tiempo de trabajo se desarrolla ante el ordenador".

La aparición de las nuevas variables en la macroeconomía mundial, que favorecieron la concentración de mas riqueza en menos núcleos, sumada a la influencia ejercida por la globalización y la aparición de nuevas modalidades de trabajo, entre ellas el teletrabajo, exigen una especial atención de la legislación. No hacerlo importaría relegar a los Estados de la función propia de regulación de las relaciones laborales y dar vía libre para que los grandes imperios financieros, con la complicidad del desbaratamiento de las fronteras estatales, desarrollen actividades en fraude a la protección del trabajador, amparados por el desconocimiento del empleador que se diluye por la distancia y la ausencia de contacto físico con y entre los laborantes.

De ahí la imperiosa necesidad, como afirmara antes, de una normativa que defina la nueva actividad en forma clara y específica, establezca en forma obligatoria la instrumentación por escrito para la celebración de este tipo de contrato de trabajo, con definición de las obligaciones que pesan sobre las partes y las principales condiciones de su ejecución. Tal iniciativa se funda en el extremo en que por su versatilidad, el teletrabajo resulta especialmente adecuado para instalarse en redes empresariales al servicio de uno o varios empresarios, por lo que podrían burlar la inspección de contralor que ejerce el Estado.

Oportuna sería la creación de un estatuto jurídico específico para reglar las tareas del teletrabajador, y en forma más ambiciosa, es recomendable su tratamiento en el orden internacional tendiente a evitar la vulneración de normas locales. No ignoro que la forma de ejecución de la prestación agrega un plus de complejidad, a esta nueva forma de trabajo, y es por ello que se impone, aún mas, la necesidad de la precisión de la regulación para intentar despejar en la forma mas acertada la dificultad de escuadre jurídico.

LA PROPUESTA

La situación nacional, el profundo cambio experimentado en la macroeconomía internacional y la particular dinámica de las actividades, incrementada por la influencia del avance tecnológico, constituyen una realidad de convergencia socioeconómica a la que Argentina no puede estar aislada so pena de expulsión del marco internacional.
La globalización representa la expansión de capitales multinacionacionales cada vez mas concentrados, con riesgo de invasión en áreas reservadas al control de los Estados por el poder que ello conlleva; pero alejarnos de estas nuevas reglas puede constituir un retroceso aún mayor del que estamos inmersos y del que necesitamos despegar si queremos que nos voceen como Nación.

Evidente es que no podemos apartarnos del sistema sin enfrentar el grave riesgo que ello conlleva, de allí que la estrategia es convivir políticamente con este fenómeno, incorporarnos en este nuevo mercado laboral y tender a aprovechar los beneficios de esta actividad y corregir sus defectos o excesos.
Esto impone una profunda reflexión tendiente a provocar una transformación que posibilite la apertura de nuevos mercados en los que se alcance una intensificación de los flujos comerciales y la seducción a la inversión de nuevos capitales para lograr el desarrollo de zonas abundantes en todo tipo de cualidades y así desterrar la desocupación que hoy nos devasta.
Este destructor fenómeno, en el que estamos inmersos, es producto de una crisis social, no sólo nacional, por ello es necesario implementar un cambio general que produzca efectos tanto en la forma de producción de la riqueza, como en el financiamiento para su desarrollo. Es un compromiso que no podemos desoír, hacerlo nos expone a desterrar las posibilidades para las generaciones futuras de inclusión en el mundo desarrollado.

Una probable respuesta puede encontrarse en EL TURISMO, elemento potenciador, no explotado en su total dimensión y que merece especial atención tendiente a su desarrollo y con el de todo su entorno.
La propuesta no es originaria, hubo una primera experiencia de oficina vacacional en Japón, en Kumamoto en el año 1988. Aunque ya se habían desarrollado algunas experiencias de oficina satélite desde 1984, verdad es que, esta experiencia la permitió el contexto económico y competitivo en que están inmerso el pueblo de Japón y la necesidad de desarrollar los procesos de ingeniería de negocios y la de reinventar los estilos de trabajo en las organizaciones de esta avanzada población.

Similar puesta en práctica puede desarrollarse en nuestro territorio pues contamos con cualidades dignas de aprovechamiento. La geografía que presenta nuestro suelo revela multiplicidad de posibilidad capaces de satisfacer cualquier demanda para la instalación de centros de teleservicios, aislado o no de los grandes focos de población, que proporcionen una plataforma tecnológica que permita a las empresas turísticas optimizar el servicio que hoy prestan, tanto usuarios como a turistas.

Establecer un centro de teleservicios, en uno de los tantos enclaves turísticos, permitiría brindar puestos de trabajo telemáticos a profesionales locales, o foráneos, dependientes o autónomos, que pretendan alejarse de las grandes urbes sin renunciar a sus obligaciones.

Para lanzar esta propuesta se requiere la instalación y/o adecuación de los puestos de trabajo, a saber estructura física, hospedaje, y tecnológica, para el desarrollo de la actividad del turista como de la propia empresa, la implementación de sistemas de seguridad en todos los niveles (física y tecnológica) exigencia que a su vez conllevará la necesidad de contratación de mano de obra para la construcción, puesta en marcha y mantenimiento del centro. O sea una permanente fuente de trabajo para obreros de diversas actividades y categorías (personal de limpieza, vigilancia, sostenimiento, asesoramiento, técnico, electrónico, entre otros); vale decir la creación de una oficina virtual para quienes pretendan mantener su actividad unida a la posibilidad de distracción y recreación que incrementa el rendimiento laboral.

El propósito es la instalación de centros en hoteles, cabañas u otros sitios, que proporcionen un lugar con adecuada infraestructura tecnológica que permita a las empresas turísticas incrementar la aptitud de su actividad específica sumando a ello la posibilidad que brindar un telecentro sin necesidad de traslado a la ciudad por parte de los clientes; opción que también favorecería el desarrollo regional.

Este mercado estaría destinado a dos tipos de clientes los que hacen uso únicamente de los servicios como usuario-turista y el teletrabajador-turista (formada por la migración de teleprofesionales de alto nivel). Por otra parte estaría el teletrabajador que se encarga de las labores propias de gestión y mantenimiento del sitio, los que al igual que el resto del personal estarán bajo una relación de dependencia con el centro turístico. Así se favorecería una formación continua, que unido al crecimiento de empresas de la zona crearían nuevas necesidades a satisfacer por personal en busca de ocupación.

Este esfuerzo de modernización puede abrir las puertas a un futuro esperanzador en el contexto de los mercados tanto regionales como globales que debe ir de la mano, indispensablemente, del aprovechamiento del potencial que brindan el desarrollo de la alta tecnología en el campo de las comunicaciones.

Para su logro deben captarse inversiones duraderas y genuinas, que sólo serán atraídas a los lugares en los que se garantice seguridad jurídica y respeto por los derechos reconocidos de raigambre constitucional, al margen de la manipulación de antojadizas intenciones de quienes ostentan, sólo, el poder de la riqueza. Ello requiere no sólo la adaptación de las vías tecnológicas sino también de las legislativas; este marco legal debe tutelar con eficacia la propiedad de la información, la competencia desleal, el espionaje industrial, la propiedad intelectual, la ética empresarial; misión indelegable de nuestros legisladores.

El esfuerzo es conjunto e interdisciplinario, debemos enfrentar la convivencia con este nuevo fenómeno, realizando los ajustes económicos y normativos necesarios para lograr las máximas ventajas de estas nuevas circunstancias, sin que conlleve al sacrificio de una rebaja de las condiciones laborales, sólo así se logrará el éxito.

Liliana Mónica Tarbuch
Secretaria Juzgado Nacional de Primera Instancia del Trabajo Nº 34.
Tel.: 4326-5997 ó 4394-6873
juzgado34@cnat.pjn.gov.ar

Fuente: Este es un fragmento del artículo publicado por Liliana Mónica Tarbuch en www.eldial.com Primer diario Jurídico en Internet. - Año V - Nº 1185 -

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