teletrabajo

Por Alejo Giles
alejogiles@sinectis.com.ar
Teletrabajador: no estamos solos
Para algunos el teletrabajo presenta el obstáculo insalvable de la soledad. ¿Mito o realidad?

Para muchos el teletrabajo puede suponer aislamiento y soledad. Pero hay voces que afirman que esa mirada reduce el fenómeno y no lo abarca en toda su complejidad.

El primer punto que debe ser aclarado es que nadie, por más que teletrabaje, está aislado. Todo lo contrario. Para que la tarea sea eficiente y la información fluya eficazmente, las personas deben estar conectadas al máximo.

Está claro que ser teletrabajador supone grandes dosis de compromiso y responsabilidad. Y esos vínculos son difíciles de sostener si la relación es lejana y poco asidua. La tendencia es la formación de redes verdaderamente solidarias, de gente con objetivos en común y trabajando en equipo, aunque a distancia. Trabajar "solo" no quiere decir trabajar en soledad absoluta.

Quizás la visión tradicional sobre las relaciones laborales lleve a pensar que el teletrabajo fomenta el aislacionismo de las personas. Se piensa como único modelo posible al taylorista o fordistas, con verdaderas multitudes relacionándose en un mismo espacio, como la fábrica o la oficina. Pero en la actualidad, esos modelos ya no son hegemónicos. Y la muestra más acabada es el crecimiento del teletrabajo en sociedades industrializadas y desarrolladas económicamente.

¿Hogar dulce hogar?

Hay quienes rechazan la idea de que el teletrabajador está solo. La Asociación Española de Teletrabajo (www.aet-es.org) opina todo lo contrario: "Nadie pone en duda la importancia de la relación física entre los seres humanos Pero cuando se afirma que el teletrabajador "está solo", lo que se manifiesta es un gran desconocimiento acerca de dicha situación, que necesita ser vivida para comprobar la inexactitud de aquella afirmación. Acusan al Teletrabajo de engendrar soledad y de la soledad es de la que partimos en esta sociedad tan individualista".

La idea es relativizar el drama de la soledad de un hogar, como ambiente laboral, que puede convertirse en agujero negro. Pensemos en un trabajador en la época de auge del taylorismo, martillando clavos durante 12 horas, aislado de cualquier otro paso de la cadena productiva, separado de sus compañeros y para colmo presionado por el reloj del capataz. ¿No es eso lo que podemos llamar un verdadero aislamiento?

Cuando Internet se hizo masiva hubo quienes no tardaron en predecir que produciría sólo aislamiento al convertir a las personas en zombis hipnotizados por la pantalla. Hoy esas predicciones han quedado desestimadas por los hechos. Las posibilidades de achicar distancias y comunicar a las personas diluyeron los pronósticos apocalípticos. Lo mismo para el teletrabajo.

La AET aclara que "es verdad que la capacidad de trabajar solo durante un cierto período de tiempo sin recibir las reacciones continuas de los demás compañeros de oficina requiere mucha tenacidad", pero al mismo tiempo las herramientas para comunicarse son muchas y variadas, desde el e-mail y el ICQ hasta la video conferencia.

"La red aporta capacidad de comunicación y de relación entre las personas. La angustia y la soledad no son una característica especifica del teletrabajo. Se da en igual medida en el trabajo presencial, y depende del tipo de trabajo que se lleve a cabo, independientemente de la forma de hacerlo, presencialmente o teletrabajando", defiende la AET. Y está a claro, los prejuicios pueden obstruir la comprensión de los fenómenos, en esta época de cambios acelerados que nos toca vivir.

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