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Por Alejo Giles
alejogiles@sinectis.com.ar |
Historias
Teletrabajo:
pasado y futuro |
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Del
telégrafo a Internet. La tecnología
como impacto sobre las relaciones laborales:
donde se clausura un camino, se despliegan
nuevas posibilidades. |
La
aparición de nuevas tecnologías
siempre ha revolucionado el ámbito del
trabajo. Por ejemplo, la aparición del
telégrafo a mediados del siglo XIX aceleró
la desaparición de los mensajeros a caballo.
En la medida en que viejos jinetes pasaban a
engrosar el ejército de desocupados de
la época, un nuevo mercado de trabajo
se creaba para operadores de telégrafo.
Este
es un mecanismo propio de la modernidad y de
su modo de producción: la mano de obra
expulsada de un lugar, es reabsorbida en otro,
pero pasada por el exigente tamiz de la capacitación.
El ejemplo del telégrafo es útil
para entender el impacto que ha tenido históricamente
la tecnología sobre el trabajo, más
allá de los destinos de los jinetes y
de los expertos en código morse.
En
la tercera década del siglo XX, el economista
Ronald H. Coase consideró al uso del
telégrafo como el factor determinante
para el desarrollo de las firmas de negocios
integradas verticalmente y dispersas geográficamente.
Estas nuevas estructuras, requerían grandes
legiones de administradores cuyas nuevas responsabilidades
incluían la supervisión de departamentos
y procesos específicos de las firmas.
Así, el telégrafo ayudó
a construir la cadena de mando, supervisión
y administración de las grandes compañías
que empezaban a florecer a finales del siglo
XIX.
En
los comienzos del siglo XXI, pensemos el impacto
que, dentro del mundo del trabajo, trae aparejado
el cambio en las telecomunicaciones y el surgimiento
de Internet. Las nuevas tecnologías de
la información y la transmisión
de datos empiezan a incidir claramente en las
relaciones entre capital y trabajo.
Una
nueva noción: el teletrabajo
Las primeras referencias al término teletrabajo
se remontan a los años 70. En plena crisis
del petróleo el físico Jack Nilles,
precursor en la materia, buscaba formas de ahorro
energético y abogaba por el trabajo a
distancia haciendo uso de las entonces incipientes
tecnologías de la comunicación.
Claro que todavía la posibilidad de transmitir
datos a distancia a través de una mega-red
de computadoras interconectadas era una posibilidad
lejana.
Es así como en los años noventa,
la explosión de Internet asomó
al teletrabajo como una gran reforma hacia el
futuro. En este sentido va la opinión
de los analistas, que destacan lo barato de
los nuevos esquemas de telecomunicaciones y
la mayor accesibilidad a Internet como el empujón
que se necesitaba.
Jack
Nilles enseñó el camino: la mayoría
de sus exposiciones fueron realizadas mediante
teleconferencias desde su casa. Afirmó
que el teletrabajo mejora la calidad de vida
de los trabajadores, aumenta la eficiencia de
las empresas y crea empleo para los trabajadores
ancianos y discapacitados. Nilles fundamentó
sus proyecciones argumentando que el cambio
de composición de las fuerzas de trabajo,
haría que en el futuro próximo
los trabajadores del conocimiento sean la franja
de población más activa. También
vio en la explosión de ventas de computadoras
personales, relacionado con la caída
constante de los precios de los microchips,
la tendencia de las empresas a almacenar y procesar
cada vez más información. En este
escenario, sumando la caída de los precios
de los sistemas de transmisión de datos
y el acceso a la capacitación que esto
genera, la mano de obra tiende a descentralizarse.
Pensemos
en los nudos de trafico de las avenidas, filas
interminables de autos, mal humor y estrés.
El desplazamiento diario de millones y millones
de personas genera no sólo contaminación
ambiental, sino también pérdida
en la productividad de las empresas. El teletrabajo
parece una buena solución. Pero aún
estamos lejos de su implementación a
gran escala. Todavía, muchos empresarios
piensan: "por qué cambiar, si este
sistema es el que usamos hace décadas.
¿Qué puedo ganar empleando personas
que no vienen a la oficina o que trabajan a
distancia?".
Posiblemente
allí resida el desafío del teletrabajo.
Diluir los prejuicios sobre la productividad
ligada al presentismo, darse a conocer en un
número cada vez mayor de personas, llegar
a una implementación masiva y seducir
a las empresas con la siguiente fórmula:
distancia, comunicaciones telemáticas,
trabajo flexible.
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