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Por
Federico Heinz*
fheinz@vialibre.org.ar
www.vialibre.org.ar
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"El
Estado debe elegir lo que más le conviene" |
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En esta entrevista realizada por el ASLE
(ámbito del Software Libre en el Estado),
Federico Heinz, co-fundador de Fundación
Vía Libre, reclama desde la sociedad civil,
que el Estado use software libre. ¿Cuál
es el rol que le corresponde al software
libre en el Estado?
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En
esta entrevista realizada por el ASLE (ámbito
del Software Libre en el Estado), Federico Heinz,
co-fundador de Fundación Vía Libre, reclama
desde la sociedad civil, que el Estado use software
libre. ¿Cuál es el rol que le corresponde
al software libre en el Estado?
El software libre no es solamente una gran oportunidad
para el Estado. Es, por lo pronto, varias
grandes oportunidades juntas. La de achicar
la "brecha digital" mediante el uso de programas
que no requieren pago de licencia. La de capacitar,
a través de sus universidades, a profesionales
en informática y comunicaciones que conozcan
íntimamente la tecnología con la que trabajan
y que estén en condiciones no sólo de atenderla
sino de crearla. La de brindar una oportunidad
de prestar servicios con alto valor agregado
a miles de pequeñas empresas nacionales de informática.
La de dar el ejemplo a la ciudadanía al respetar
minuciosamente sus propias leyes de derecho
de autor. La de recordar a los argentinos con
acciones concretas que la estrofa del Himno
que reza "¡Libertad, libertad, libertad!" sigue
siendo nuestra vocación. Y muchas otras más.
Además de estas grandes oportunidades, representa
una necesidad ineludible, ya que el software
libre es el único que el Estado puede utilizar
sin violar la Constitución. Esto puede parecer
exagerado, pero es estrictamente cierto que
cada vez que el Estado utiliza un programa privativo
para cumplir con sus tareas está a la vez traicionando
su misión y violando los derechos constitucionales
de los ciudadanos. El Estado es el responsable
de mantener el registro público. Para hacerlo,
debe extremar medidas para asegurar tres principios
fundamentales: seguridad, perennidad y transparencia.
De ellos, la perennidad puede ser solucionada
con una estricta adherencia a estándares, pero
si el Estado usa software cuyos mecanismos de
funcionamiento son secretos, tanto la seguridad
como la transparencia están siendo seria e inexcusablemente
comprometidos.
¿No es contradictorio hablar de software
libre por un lado, y obligar a la gente a usarlo
por otro? ¿El Estado no debería elegir libremente
lo que más le convenga?
No estamos hablando de obligar a nadie a usar
software libre, sino de obligar al Estado a
hacerlo. "El Estado no es una persona", es un
mecanismo inventado por las personas, idealmente
un "gigante bueno", pero un gigante al
fin, potencialmente peligroso, al que hay que
controlar para evitar excesos. Así, el Estado
no puede contratar libremente, sino sólo a través
de una licitación, debe publicar todos sus gastos,
y está sometido constantemente al escrutinio
público. La exigencia de usar exclusivamente
software libre está destinada, precisamente,
a preservar ese derecho de escrutinio público.
Ningún ciudadano debe estar obligado a usar
software libre, sólo los organismos públicos.
Por cierto que el Estado debe elegir lo que
más le conviene. Lo que decimos es que al
Estado "jamás le conviene el software no libre,
ni siquiera cuando es gratis", porque no puede
controlar lo que el software hace. Imaginemos
el caso de una provincia que decide contratar
un servicio de agua. Cuando lo hace, no puede
contratar a cualquiera: sólo puede elegir entre
aquellos que ofrecen el agua en condiciones
que satisfagan las necesidades de salud pública.
Si alguien ofrece agua contaminada, el Estado
no debe contratarlo por muy barato que lo ofrezca.
El problema es que con el software no podemos,
como con el agua, hacer un análisis químico
regular para verificar que no esté "envenenado".
La única manera de hacerlo es pudiendo acceder
al código fuente completo, y pudiendo dárselo
a todos los que lo requieran para examinarlo.
La característica distintiva del software no
libre es, precisamente, que no permite esto.
Por lo tanto, el Estado no debe contratarlo.
Esto, por cierto, sin entrar en los casos más
serios, en los que el Estado brinda mejores
servicios a los usuarios de un determinado programa
o sistema operativo, o, como en el caso de la
AFIP, *exige a los contribuyentes que compren
un determinado sistema operativo, con marca
y modelo a fin de poder cumplir con sus obligaciones
impositivas. *Esto es una flagrante violación
de la igualdad de los ciudadanos ante la ley.
¿Excluir de la lista de proveedores a los
productores de software propietario no es discriminatorio?
¿No estaríamos cayendo en una escuela de "pensamiento
único" de esas para las que, como tienen un
martillo, todos los problemas les parecen clavos?
En ningún momento hablamos de que sea necesario
excluir proveedores o productos específicos
de las compras del Estado. Lo único que decimos
es que la manera de contratar esos productos
debe cumplir una serie de requisitos mínimos,
que son los que permiten tener algún control
de la seguridad del procesamiento de datos,
así como asegurar su transparencia. Sería
terriblemente necio exigir que el Estado use
una determinada tecnología, y no lo hacemos.
El software libre no es una tecnología, es
un modelo de distribución de software.
Hay muchas tecnologías implementadas como software
libre, y a menudo ocurre que tecnologías no
libres cambian sus términos de licencia y pasan
a ser libres sin haber cambiado un ápice en
su funcionalidad.
Los responsables de informática del Estado son
personas perfectamente capaces de elegir la
tecnología adecuada a sus necesidades. Tan
solo les pedimos que, sea cual sea la tecnología
que usen, la adquieran en términos de licenciamiento
libre, y si eso no es posible, que busquen alguna
tecnología alternativa que sí lo sea. El
verdadero ejemplo de "pensamiento único" es
aquel que sostiene que sólo una determinada
tecnología no libre puede resolver tal o cual
problema.
¿Y qué pasa con todo el dinero que el Estado
lleva invertido en licencias?
El Estado está usando hoy mucho software
libre, pero es ridículo pensar que va a poder
eliminar el software privativo de la noche a
la mañana. Si el Estado ha adquirido licencias
de software privativo, debería primero evaluar
si el privilegio de usarlo le sale más barato
o no que tirarlo, teniendo en cuenta como
costos a los aspectos de seguridad y derechos
ciudadanos. Suponiendo que este análisis diga
que conviene mantener el software en operación,
tan solo tenemos que esperar que el software
cumpla su ciclo de vida útil, que por lo
general se calcula entre tres y cinco años,
al cabo del cual se vuelve necesaria una actualización,
que por lo general involucra un esfuerzo muy
similar al de una migración. Ese es el momento
ideal para hacer el cambio.
*Federico Heinz es cofundador de Fundación Vía
Libre
(Se permite su copia total y parcial citando
la fuente. Entrevista realizada por el ASLE.)
Fuente:
http://www.softwarelibre.gov.ar/index.php?seccion=notavialibre |