tecnologías

Por Federico Heinz (Fundación Vía Libre)
fheinz@vialibre.org.ar
Software libre para el desarrollo sustentable y la apropiación del conocimiento

El software libre es necesario para la apropiación de las tecnologías de información y comunicaciones, así como lo es su uso para la apropiación del conocimiento. Es, por ello, una herramienta ideal para el desarrollo sustentable. Sin embargo, las organizaciones que trabajan en desarrollo sustentable no tienen presente al software libre, ni a los riesgos asociados con el software no libre. Debemos concentrarnos en lograr que las organizaciones de los campos de software libre y desarrollo sustentable trabajen juntas.

1. El desarrollo sustentable en la Sociedad del Conocimiento

La definición más popular de "desarrollo sustentable" lo define como "el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la posibilidad de las futuras generaciones de satisfacer las suyas propias". Así, la mayoría de los trabajos sobre desarrollo sustentable comprensiblemente giran alrededor de temas como el medio ambiente y la ecología, con el fin de que nuestros descendientes no encuentren sus recursos naturales degradados por nuestras acciones. Estos temas son extremadamente importantes, y merecen toda la atención que están recibiendo y mucha más. A medida que crece el rol que juegan las tecnologías de la comunicación y la información en la economía, sin embargo, emergen nuevas amenazas en el campo de otra clase de medio ambiente: el campo del conocimiento.

En una primera aproximación, parece extraño que debamos ocuparnos del conocimiento en cuanto recurso natural. Después de todo, los recursos naturales (aún los renovables) son naturalmente escasos, mientras que el conocimiento puede ser compartido sin antes dividirlo, tal como George Bernard Shaw brillantemente ilustrara en su célebre cita:

Si tú tienes una manzana y yo tengo una otra e intercambiamos nuestras manzanas, entonces tú y yo seguiremos teniendo una manzana cada uno. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, entonces ambos tendremos dos ideas.

Podemos compartir el conocimiento libremente sin empobrecernos, de modo que no debería haber razones para un "conservacionismo del conocimiento".

Desgraciadamente, ciertas prácticas comunes en el modo cómo tratamos el conocimiento en cuanto "bien económico" se están convirtiendo en serios agentes de contaminación, convirtiendo vastas áreas del espacio del conocimiento en inusables o inaccesibles para nosotros. Podemos ver esto en acción cada vez que hay conocimiento escondido deliberadamente de nuestra vista dentro de un programa de computación opaco, negando a todos la oportunidad de conocer cómo trabaja, de adaptarlo a necesidades específicas, o aún de mejorarlo. Cada vez más a menudo, trabajos que tradicionalmente han sido ofrecidos al público en formatos fácilmente accesibles, tales como libros o grabaciones fonográficas, están siendo cifrados con el propósito específico de controlar quién puede disfrutarlos, por cuáles medios y bajo cuáles circunstancias. Está creciendo la desafortunada tendencia internacional a conceder patentes, es decir monopolios consagrados por el estado, sobre ideas puras tales como "usar una computadora y un vínculo de comunicaciones para llevar a cabo remates on-line", independientemente de su implementación.

Nuestro deber es, por lo tanto, hacer todo lo que esté en nuestro poder para asegurarnos que el conocimiento se divulgue tan ampliamente como sea posible, de modo que pueda beneficiar al máximo al mayor número de gente. También debemos hacer todo lo que podamos para evitar que el conocimiento se contamine mediante reclamos de propiedad sobre cosas que no pueden ser efectivamente poseídas. Debemos siempre tener en mente, y recordárselo a nuestros gobiernos, que el conocimiento actúa más eficazmente para mejorar las vidas de nuestras gentes cuando puede ser libremente compartido y aprovechado. Crear y usar software libre es una de las muchas cosas concretas que podemos hacer para lograr esas metas.

2. El acceso a la tecnología no es suficiente

A partir del auge de la "sociedad de la información", los gobiernos en todo el mundo, lo mismo que las organizaciones nacionales e internacionales, han tomado como prioridad proveer a los pueblos acceso a las tecnologías de la comunicación y la información. Se han hecho públicos pronunciamientos gubernamentales, se han propuesto estrategias, se han comenzado programas, se han donado equipos, se han inaugurado puntos de acceso. Las ONGs están enseñando a los neófitos cómo usar los nuevos medios y las mismas NU están sosteniendo, a través del UTI, la Cumbre Mundial sobre Tecnología de la Información, un esfuerzo de largo plazo para diseñar el grandioso mundo nuevo en el cual el acceso a la información será universal.

Lo que estos pretenciosos planes parecen desconocer es que el mero acceso a la tecnología puede ser suficiente para asegurar que la oferta de los proveedores de contenidos llegue a una clientela potencial más grande, pero es miserablemente insuficiente para ayudar a la gente a entrar a la sociedad del conocimiento con alguna chance de igualdad de oportunidades. Muy por el contrario, el proveer acceso a una tecnología que sólo podemos usar para ciertos propósitos, pero que no entendemos lo suficiente como para, si surge la necesidad, recrearla nosotros mismos, es crear una nueva dependencia tecnológica más. Muchos de estos esfuerzos responden sin duda a buenas intenciones, pero en vez de convertir a las personas que intentan ayudar en pares de la sociedad del conocimiento, en realidad están ayudando a establecer una nueva forma de dominación de los que "saben" sobre los que "no saben", ampliando la base de consumidores de información al tiempo que dejan de lado el prepararlos para ser también productores de información y tecnología. Esto se empeora aún más por los esfuerzos que hacen los proveedores de tecnología y contenidos para crear dispositivos que les permiten controlar qué podemos hacer los usuarios con equipamiento e información por los cuales hemos pagado en buena ley.

La deliciosa comedia "Los Dioses deben estar Locos" de Jamie Uys (Botswana, 1980) ilustra brillantemente la diferencia entre la sociedad de la información y la del conocimiento. En la película, bosquimanos del Kalahari encuentran una botella de gaseosa tirada por el piloto desde una avioneta. Este "regalo de los dioses" demuestra ser algo valioso para la comunidad de los bosquimanos quienes, luego de algunos experimentos, le encuentran muchos usos divertidos e ingeniosos. Pronto, sin embargo, se convierte en la fuente de querellas incesantes acerca de quién será el próximo en usarlo. Dado que no pueden producir más botellas, los bosquimanos no pueden incorporarla a sus vidas; se convierte en un bien por siempre ajeno. Enojado con los dioses por la tontería de darles acceso a algo de lo que no pueden apropiarse, uno de los bosquimanos decide que la única manera de restablecer la paz es devolver el regalo, tirándolo desde el borde del mundo.

Lo que necesitamos no es sólo acceso a la tecnología, sino aliento activo a su apropiación por parte de la comunidad. No seremos tomados en serio en la sociedad del conocimiento si no sabemos cómo construir nuestras propias herramientas, si no tenemos la oportunidad de aprender todo lo necesario para hacer nuestras contribuciones al patrimonio universal del conocimiento. Para poder hacerlo necesitamos tecnología que podamos desensamblar e inspeccionar a nuestro gusto, tecnología que podamos estudiar, experimentar, arreglar, extender, adaptar. Necesitamos tecnología que pueda sostener nuestro patrimonio cultural independientemente de su atractivo comercial o el retorno esperado sobre la inversión; tecnología a través de la cual podamos estar seguros de que no se nos negará arbitrariamente el acceso a conocimiento codificado en formato digital, o que al menos nos permita detectar tempranamente cuál conocimiento ha sido deliberadamente codificado para ese propósito; tecnología que podamos elaborar para satisfacer nuestras necesidades y no las necesidades que otros imaginan que tenemos (o, peor aún, sólo la necesidad de rentabilidad del departamento de marketing de alguna corporación).

3. El Software Libre promueve la apropiación del conocimiento

Hay malas noticias y buenas noticias. La mala noticia es que no es de esperar que los dioses nos tiren la tecnología que necesitamos desde un avión que pase. Hay dos razones para esto: primero, la abundancia actual de programas para conceder acceso a la tecnología es sostenida por un fuerte esfuerzo de cabildeo por parte de la industria de las tecnologías de la información y la comunicación, y ésta tiene un fuerte interés en impedir que seamos competentes en ese campo; segundo, la misma definición de lo que necesitamos dice que debemos saber construir lo que usamos, y la única manera de conseguir esto es construyéndolo nosotros mismos en lugar de obtenerlo ya hecho por algún otro.

La buena nueva es, por otro lado, que no tenemos que empezar desde cero. De una manera muy real ya hemos empezado hace casi dos décadas, porque fue entonces que el proyecto GNU de la Free Software Foundation lanzó el primer esfuerzo consciente para construir un ambiente de computación integral para ser distribuído bajo condiciones que impulsan la apropiación y la cooperación, antes que la dependencia. Desde entonces, el software libre se ha convertido en un movimiento de escala mundial, cuyos productos no se limitan al proyecto GNU, y que ha producido un enorme número de programas, desde aplicaciones individuales hasta núcleos y sistemas operativos completos.

Muchos de los programas de software libre son considerados los mejores en su categoría, algunos son muy buenos, algunos son buenos, algunos apenas pueden ser usados, algunos aún son sólo prototipos. Se pueden encontrar en la red muchos artículos que discuten los méritos técnicos de proyectos individuales y del software libre como tal: si es más o menos seguro que sus contrapartes de software propietario y por qué, en qué sobrepasa y en qué se queda corto de las cualidades de las alternativas propietarias. Esta es una discusión fascinante, y se puede aprender mucho acerca del proceso del desarrollo de software y sus resultados estudiando proyectos de software libre. Para el propósito de la apropiación del conocimiento y el desarrollo sustentable, sin embargo, la calidad y la madurez del software libre no es para nada tan relevante como el hecho de que se lo distribuye bajo términos de licenciamiento que respetan nuestra necesidad de aprender, de experimentar, de participar, de contribuir, y nos hacen fácil hacerlo. Hay un acervo enorme de conocimiento codificado en programas de computación, y una persona entrenada en el arte puede aprender muchas cosas con tan sólo analizar la manera en que un programa funciona.

Al mismo tiempo que los desarrolladores de software y entusiastas de la computación conocen las ventajas inherentes de tener todos los mecanismos internos del software abiertos para su inspección, los beneficios que ofrece respecto de la apropiación del conocimiento para los no programadores son al menos igual de importantes. La tecnología de la información y la comunicación nos permite acceder a un vasto cúmulo de información de la cual podemos extraer conocimiento, pero ¿qué valor tiene ese información, por ejemplo, para una persona cuya herencia cultural no le permite interpretar correctamente los elementos de interfaz de usuario del software, o tiene una discapacidad que no fue contemplada por el autor del programa? El software libre puede ser adaptado y modificado para a nuestro propio patrimonio cultural y nuestras necesidades especiales. De hecho, la mayoría de las interfaces de usuario de los programas de software libre moderno pueden ser traducidas a cualquier lenguaje escrito por traductores sin experiencia de programación. El software es esencial para acceder a la información, pero también puede ser usado para impedir el acceso a ella: los filtros de contenido destinados a "proteger a los niños de la exposición a la pornografía" pero no dicen cuál es exactamente el contenido que están bloqueando son un medio de control sobre lo que podemos o no podemos ver. Del mismo modo lo es el software propietario diseñado para controlar el cumplimiento de términos de uso de obras a través del uso de métodos criptográficos: dado que uno no sabe cómo funciona el programa, nunca se puede saber con seguridad exactamente qué terminos se aceptan en forma implícita, y el programa puede denegar unilateralmente acceso a la información legítimamente adquirida e incluso a información creada por nosotros mismos. El software libre nos da la posibilidad de saber exactamente qué está haciendo con los datos y asegurarnos que no está discriminando en contra nuestro, que no está censurando o alterando los contenidos que nos presenta, que no contiene mecanismos destinados a denegarnos acceso a la información o a impedir nuestra posibilidad de compartirlo.

4. Entonces, ¿qué hacemos al respecto?

Cualquier persona familiarizada con el proceso de desarrollo de software probablemente piense que los principales obstáculos para la adopción y creación del software libre son de carácter técnico. El software es una bestia compleja, de quien se sabe que ha sido la causa del catastrófico fracaso de esfuerzos bien financiados por las más grandes y prestigiosas corporaciones del planeta. La verdad, sin embargo, es que el modelo de desarrollo de código abierto, tan a menudo usado para crear software libre, ha probado ser tremendamente efectivo, al producir software de altísima calidad a una velocidad sin precedentes. El reservorio actual de software libre es, de hecho, el esfuerzo de construcción colectiva más grande que registra la historia, y está siendo construído por una comunidad internacional apenas estructurada, sin un aparato central de control o coordinación. Librado a sus propios medios, podemos esperar que el software libre seguirá creciendo y prosperando, proveyéndonos de una plataforma tecnológica robusta y confiable de la que podemos apropiarnos. Tal como sucede, el principal obstáculo al uso generalizado del software libre se relaciona con la falta de conciencia sobre las implicancias del uso del software no libre.

Por supuesto, no es el único obstáculo que enfrentamos: también están los intentos activos por parte de los proveedores de software propietario de restringir el éxito del software libre a través de la misma contaminación del campo del conocimiento de la cual hablamos antes: las patentes de software, la sobreprotección y el mal uso de los derechos de autor, las demandas legales gratuitas. Por ahora, los latinoamericanos estamos relativamente a salvo de parte de este despropósito, porque las oficinas de patentes de la mayoría de nuestros países no permiten el patentamiento del software, aunque tenemos la misma protección irracional de los derecho de autor relacionados al software que prevalece en el resto del mundo. Debemos mantener abiertos los ojos, sin embargo, dado que la misma clase de organizaciones internacionales que se empeñan en ayudarnos a obtener acceso a la tecnología de la información también están presionando fuertemente para que adoptemos posturas más permisivas en lo que hace a determinar qué es patentable. Mientras esta amenaza ciertamente no es menor, desde el punto de vista del desarrollo sustentable está destinada a desaparecer por sí misma, porque la ideología que la sostiene introduce un balance comercial tan desequilibrado (intercambiar bienes escasos, tales como el petróleo o productos agropecuarios, por bienes no escasos como el permiso para usar una idea) que el sistema no podrá sobrevivir por mucho tiempo.

De cualquier modo, el boicot activo por parte de aquellos que ven al software libre como un obstáculo para su ambición es esperable; podemos prepararnos para ello, pero no podemos evitar que lo intenten. Mucho peor que las acciones malintencionadas de aquellos a cuyos intereses nos oponemos es la falta de apoyo por parte de aquellos que más se beneficiarían de nuestro trabajo: los promotores del desarrollo sustentable, tales como los gobiernos y particularmente las ONGs. Estas últimas organizaciones luchan contra el patentamiento del conocimiento indígena por las corporaciones transnacionales, defienden la biodiversidad y las identidades culturales, se oponen al patentamiento de seres vivos y proyectan una visión crítica sobre el impacto ambiental de la ingeniería genética; deberían ser nuestros aliados naturales. Sin embargo, hemos fallado no sólo en hacerles tomar conciencia de los efectos adversos para la apropiación del conocimiento de usar software no libre, ¡y aún de la existencia misma del software libre! Intente Ud. preguntarle a alguien de una organización de este tipo porqué siguen adjuntando archivos en formatos propietarios en sus correos electrónicos, y la mayor parte del tiempo obtendrá como respuesta una mirada de incomprensión, ya que las fuertes campañas de mercadeo de los proveedores propietarios han logrado eclipsar la mera existencia de las alternativas libres. Estas organizaciones serían aliados poderosos, no sólo por que habitualmente están interconectadas en redes internacionales, sino principalmente porque trabajan diariamente con gente que, fuera de la arena tecnológica, comparten y aplican ideas que están en la base del movimiento del software libre, tales como la solidaridad, la cooperación y la igualdad. La difusión del software libre debería apuntar a dirigirse a las organizaciones del desarrollo sustentable, y buscar cooperar con ellas, ya que tienen un gran potencial para difundir nuestro trabajo entre la gente que más lo necesita, aquella que lo va a usar para los propósitos que perseguimos cuando lo creamos y que reconocerán la necesidad de defenderlo como parte del patrimonio cultural de la humanidad.

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