recursos humanos

Lic. Sonia A. Boiarov
boiarov@caminandoutopias.org.ar
 

Las relaciones no laborales del siglo XXI

Parafraseando el nombre del congreso que se realizó en Mar del Plata , el Prof. Juan Tausk contó sobre las afecciones psíquicas, los trastornos familiares y los efectos traumáticos que aparecen con la pérdida del empleo.

Una investigación realizada por la cátedra de Clínica Psicológica y Psicoterapias (Adultos) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, da cuenta de lo que acontece a hombres y mujeres de 30 a 55 años, cuando hace mas de 6 meses que han perdido el empleo.

El trabajo se realizó en Tucumán, Gran Buenos Aires y Capital Federal, y no hace falta aclarar que contó con muy pocos recursos económicos.

Una investigación de la Unión Europea realizada en el año 2000 en 15 países, se preguntaba que pasaría en un contexto que exceda el 8% de desempleo, registrado por ellos en aquel momento. Lamentablemente este estudio se realizó cuando Argentina tenía el 21,5%, así que el Prof. Tausk pudo brindar esa información tan esperada en la UE.

Algunos de los datos presentados fueron:

1. el 75% de los desocupados entrevistados están “muy afectados” en lo que respecta a afecciones psíquicas, no registradas antes de perder el empleo,

2. el 50% posee depresiones de magnitud,

3. el 55% manifiesta padecer afecciones psicosomáticas (trastornos digestivos, trastornos del sueño, afecciones neurológicas, caída del cabello, afecciones dermatológicas, cardíacas y respiratorias),

4. el 55% reconoció que empeoró su relación de pareja y sus relaciones sexuales. Además el 35% considera que sus hijos pueden estar en riesgo: pérdida de control, conductas agresivas, pandillas, etc.

5. las mujeres están un 15% más afectadas que los hombres en igual situación de desempleo. Probablemente debido a que han aumentado las jefas de hogar en estos últimos tiempos.

6. el 36% pensó en suicidarse. De ellos el 11% lo pensó muy seriamente o intentó suicidarse. Aquí también las mujeres superaron a los hombres en un 30%.

Llama la atención en esta muestra que el efecto traumático que genera la pérdida del empleo y la falta de perspectivas futuras, arrasan con las defensas del sujeto, imponiendo situaciones equivalentes a las que se han investigado en exiliados forzados, los expuestos a violencia y catástrofes sociales y naturales, los presos y torturados o internados en campos de concentración.

Los efectos de esta situación se irradian a las personas próximas, sobre todo a los hijos y pueden extenderse hasta la tercera generación. Dice textualmente “…cuando el hombre o la mujer sufre la perspectiva de perder el empleo o lo ha perdido, siente que eso será para siempre, que no hay nada por delante y en consecuencia será imposible sostener a su grupo familiar. Percibe que no hay contención o protección alguna y la sensación de desamparo comienza a desmoronarlo: pasa de la desilusión a la derrota, de la desesperanza a la desesperación”.

El estudio presenta más datos que los expuestos, tan interesantes como escalofriantes. Habrá que seguir estudiando, ya que una de sus premisas deja abierta la posibilidad de que algunas o todas estas afecciones podrían disminuir o desaparecer cuando las personas comiencen a trabajar nuevamente. Claro que esto lo sabremos, cuando se generen nuevamente posibilidades de empleo.

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