recursos humanos

por Francisco Ortiz Chaparro
El Teletrabajo como modalidad laboral del futuro
Como han puesto de relieve repetidamente los gurús de la vida económica y empresarial, los cambios en la gestión de las empresas suelen venir orientados la mayoría de las veces por los progresos en la tecnología o por las modas.

Nuestra tesis es que el teletrabajo no queda incluido exclusivamente en ninguna de estas categorías sino que, si bien es propiciado por los avances en las tecnologías de la información y la comunicación, su nacimiento y proyección se basa en argumentos de más calado que le confieren una potencialidad de futuro susceptible de superar las distintas modas que, efectivamente, se introducen periódicamente en la vida empresarial y laboral.

De acuerdo con estas premisas, el teletrabajo es un "producto" de la evolución y las tendencias en los campos de:

  • La tecnología
  • La economía
  • La empresa
  • El empleo
  • El individuo
  • La sociedad

La tecnología: actúa en este caso como condición necesaria, pero no suficiente. Las tecnologías de la información y la comunicación permiten enviar a distancia el trabajo sin que se produzca ningún desplazamiento físico (lo que diferencia al teletrabajo del "trabajo a domicilio" tradicional). En concreto, los avances tecnológicos fundamentales han sido:

- La telemática, es decir, la conexión de la informática y las telecomunicaciones que permite la conexión máquina a máquina.
- Las redes telemáticas, de la que es paradigma Internet, que conectan a todo el globo.
- La digitalización de los contenidos, que permite procesar y enviar tanto texto como gráficos e imágenes, además de sonido.

La economía: La mundialización de la economía y el consiguiente incremento de la competencia (tanto en los aspectos financieros como en los comerciales y laborales) obliga a las empresas a adoptar procesos de racionalización de los recursos de todo tipo.

La empresa: Traducida a la empresa, esta nueva situación económica la obliga a la implantación de procesos de aprovechamiento al máximo de los recursos, con el establecimiento de programas de reingeniería, reducción de dimensiones (downsizing), fabricación a medida del cliente (customización), adelgazamiento (producción ajustada). Los procesos empresariales surgen sobre la marcha, dictados por el mercado. Esto obliga a las empresas a adoptar unos sistemas de agilidad y capacidad de reacción que las lleva a crear y disolver grupos de trabajo de acuerdo con la demanda del momento. Un equipo de trabajo de máxima eficacia y rentabilidad hoy puede convertirse en una rémora insalvable mañana. La expresión máxima de este proceso es la empresa virtual, formada por un pequeño núcleo de miembros responsables de las tomas de decisiones y, donde se pueda, de la salvaguardia de los objetivos, valores y cultura de la compañía.

El empleo: Todos estos procesos de reducción de costes, entre ellos los laborales y "sociales" de la empresa, han puesto fin al pacto social tácito existente tradicionalmente entre la empresa y el trabajador: trabajo de por vida a cambio de fidelidad sostenida. Las empresas reducen sus plantillas y las distintas legislaciones facilitan las desvinculaciones de ese pacto social no escrito. Ello tiene como consecuencia la reducción del empleo fijo en todas las economías desarrolladas. El trabajador tiene que pensar en una "carrera" profesional basada en planteamientos totalmente distintos a los tradicionales.

El individuo: En paralelo a la muerte de este pacto social no escrito entre la empresa y el trabajador -y en parte como consecuencia del mismo-, surge un individuo distinto: trabajador del conocimiento, mejor formado y preparado, menos dispuesto a aceptar las rígidas jerarquías y cadenas de mando de la empresa tradicional, dueño de su conocimiento que se traslada con el a donde vaya, más amante de conciliar vida laboral y vida familiar y, desde luego, de su libertad. Se incorporan a la vida laboral los miembros de las que se han catalogado como Generación X y, después, generación Y. Una generación, la X, que ha sufrido las consecuencias negativas de la generación anterior de yuppies obsesionados por el trabajo, enganchados al consumismo, sin tiempo para la vida privada que ha dado lugar a una ola de divorcios sin precedentes en las naciones desarrolladas. Una generación, la Y, que ha crecido con la informática. Y está para incorporarse otra generación que crece con las redes de telecomunicación. Un trabajador del conocimiento que cambia la aspiración al trabajo de por vida por la de "empleabilidad", ayudada generalmente por un mayor espíritu emprendedor. Un trabajador que enfrenta estas cualidades a la necesidad que tienen las empresas por retener a los mejores (o por tenerlos a su disposición, cuando no están "en plantilla") y que aspira a imponer sus condiciones.

La sociedad: La estructuración tradicional de la vida laboral en las sociedades desarrolladas, con la obligación de presencia del trabajador en el lugar de trabajo en unos horarios rígidos, impone altísimos costes financieros, de infraestructuras, energéticos, de medio ambiente y de presión psicológica imposibles de seguir incrementándose al infinito. Al mismo tiempo, la sociedad exige cada vez al mundo empresarial el compromiso (conocido bajo el nombre de "responsabilidad social corporativa") con la calidad de vida de los ciudadanos que se manifiesta, entre otros aspectos, en la facilitación de regímenes laborales menos deshumanizadores: trabajo a tiempo parcial, flexibilidad de horarios, posibilidad de compaginar vida laboral, vida familiar y ocio. Al mismo tiempo, se imponen cambios en la formación mediante los cuales -sin detrimento de la calidad científica, técnica ni humanística- las instituciones educativas permitan al trabajador tanto la formación básica adaptada a las necesidades del mercado laboral, como la formación permanente.

Consecuencia para el teletrabajador

De la somera exposición que venimos de hacer se infiere cómo los distintos procesos de cambio que se producen en las estructuras, las instituciones, la sociedad y las personas confluyen en un punto en que el trabajador se encuentra con que las condiciones en las que se asentaba su participación en la vida económica y social cambian profundamente. Y no pueden cambiar estas condiciones sin que cambie la persona. El trabajador se enfrenta a condiciones mejores en su práctica laboral, pero que tienen sus contrapartidas en forma de cambios en el proceso de socialización, en cambios en su curriculum y en forma de mayores exigencias que, muy resumidas, son:

- Competencia profesional: un trabajador que no puede confiar ya en un trabajo de por vida, que se ve obligado a cambiar de empresa casi continuamente, tiene que ser, ante todo, "empleable". Y para ello tiene que poseer una sólida formación profesional de base y comprometerse vitalmente en un proceso de formación y adaptación permanente. Sus competidores son otros trabajadores cuya competencia -en la era de las redes- no conoce fronteras (salvo la del idioma. Aquí no puede obviarse la consideración de que se impone la lingua franca del inglés).

- Competencia tecnológica: si las herramientas de trabajo son informáticas y si el mundo laboral se comunica a través de las redes telemáticas, debe de dominar tanto las herramientas como las redes. Y dada la rapidez con que evolucionan tanto las herramientas como los canales de comunicación, esa competencia tecnológica tiene que ser continua: hay que conocer (y comprar) lo último y dominarlo.

- Competencia social: denominamos así aquí a la capacidad de relación "a través de las redes de comunicación". Si el mercado (y la competición) es universal, las relaciones tienen que ser universales. El trabajador tiene que ser, al mismo tiempo, su propio agente de publicidad. Tienen que hacer su propio mercadeo. Y tiene que introducirse en las técnicas y prácticas del cabildeo.

- Espíritu emprendedor: fundamental para todo lo anterior, si trabaja para otros, y más aún si decide emprender su propia empresa.

- Cambio de mentalidad: pasar de una situación como la actual y la que ha visto "en casa" de trabajar para una empresa de por vida a esta nueva situación no es fácil. Se necesita cierta fortaleza síquica para "aguantar" a un jefe o a un ambiente empresarial, pero se necesita mucha más cuando se marcha en solitario -y, a veces, en el caso de muchos teletrabajadores, en soledad-. Cambio de mentalidad que no queda limitado al teletrabajador, pues se ha de extender a la familia, cuya vida cambia cuando el trabajador permanece en el hogar todo el día en lugar de ir a un centro de trabajo.

No es fácil, repetimos. Sobre todo para los primeros teletrabajadores que actualmente hacen de pioneros en sus empresas y países. Las razones para que el teletrabajo se convierta en una situación normal son poderosas, como hemos visto. Pero sabemos que, según el principio de acción y reacción, a toda fuerza se tiende a oponer otra igual y de sentido contrario. Y esta fuerza de sentido contrario está alimentada por la desconfianza, la rutina, el temor, la indolencia... A pesar de todo, la historia marcha, por definición, hacia delante. Y las contrapartidas merecen la pena.

Francisco Ortiz Chaparro
Sociólogo y economista especializado en el estudio de la sociedad de la información
Autor de La sociedad de la información, Madrid, Fundesco 1995; El teletrabajo: una nueva sociedad laboral en la era de la tecnología, Madrid, McGraw-Hill 1995; La sociedad de la información en Iberoamérica, 2001, Madrid, AHCIET 2002.

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