Experiencias


Hebe Martorella
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1 de marzo de 2006
Como muchos de los teletrabajadores

Como muchos de los teletrabajadores, accedí a esta nueva forma de trabajo, en primer lugar, impelida por mis necesidades.

Como muchos de los teletrabajadores, accedí a esta nueva forma de trabajo, en primer lugar, impelida por mis necesidades. Luego de trabajar 15 años para el Gobierno de Canadá y muchos más para multinacionales y clientes privados como traductora, me retiré a los 57 años dado que contaba con una renta considerable. Sin embargo los avatares de la vida me dejaron desprovista de todo, aún de mi propia casa. Volvi de Rio de Janeiro donde vivía y tuve que recomenzar. Por donde recomenzar cuando no se cuenta más con un capital y se tienen 57 años. Buena pregunta. Pero siempre he sido una apasionada de la tecnología y además en la Embajada de Canadá tuve la oportunidad de asistir a muchos cursos sobre informática y a disponer de tecnología de punta. Además dada esta pasión siempre pensé que Internet cambiaría al mundo y los negocios se realizarían on line. Por lo tanto al tener que volver a empezar y contar solamente con una computadora actué de acuerdo a mis creencias, empecé a hacer cursos de e-commerce y de e-business y a tratar de entender mejor cual era el ámbito del teletrabajador. Naturalmente no pasó mucho tiempo y ya me había convertido en una teletrabajadora como traductora.

Pero había todo un mundo nuevo por conocer. Empecé a surfear todas las páginas que hablaban sobre teletrabajo, que no eran muchas en el 2001. Descubrí que el teletrabajo estaba muy avanzado en España y traté de aprovechar al máximo la información contenida en los sitios webs de ese país pero no tardé mucho en darme cuenta que había una diferencia abismal en ser un teletrabajador en España donde existía ya entonces una estructura y un conocimiento extenso y nuestro país donde la idea estaba aún en germen. Pero como buena microemprendedora no me permití bajar los brazos y seguí intentando a través de foros internacionales y de la lectura de cuanto caía en mis manos, persiguiendo mi sueño que era justamente ese, trabajar on line, para mí y para clientes internacionales. Había esperado la globalización durante muchos años, y esta había llegado y había que valerse de ella. Internet era el pasaporte para entrar en ese mundo.

Me esperaban numerosos obstáculos, algunos de los cuales, aun no superé. El primero y más importante: tener visibilidad a nivel internacional. Esto es muy difícil para quienes no cuentan con capital, ya que los anuncios en los portales cuestan mucho dinero y no basta con subir nuestro CV a los buscadores ni con tener un mínima página web.

Sin embargo en el 2003 tuve la primera de las sorpresas en cuanto a visibilidad se refiere: un cliente de Estados Unidos había leído mi currículo y me ofrecía trabajar para el. Todo esto en aquel momento me parecía muy extraño pero fue mi primer cliente on line y esto me permitió ampliar mis horizontes. Ahora sabía que el trabajo on line era posible por experiencia propia.

De ahí en más me dediqué a surfear cuanta página web hubiese sobre teletrabajo y sobre traducción. En el 2004 encontré el portal más importante del mundo para los traductores, estaba perpleja.

www.proz.com es un sitio donde se puede cotizar para distintas empresas que están en cualquier parte del mundo y que además al tener un foro de traductores permite que los colegas interactúen y asimismo que se conozcan y puedan dar y recibir ayuda.

Es un sitio muy complejo con múltiples posibilidades que fui aprendiendo lentamente y cada día mi horizonte se expandía. Además pertenecía a distintos foros de emprendedores que ponían a disposición de sus miembros muchas herramientas y especialmente mucha información. Pienso que los foros para los teletrabajadores son una de las herramientas más valiosas no sólo por el intercambio de información profesional sino también por las relaciones profesionales y personales que se establecen las que fortifican a cada individuo que se encuentra solo frente a su PC con muchas expectativas y miles de interrogantes.

A través de la recolección de toda esa información tan valiosa y de aunarlo a mi propia experiencia me dí cuenta que nosotros nos enfrentamos a una dificultad quizás tan grande como la visibilidad: el precio de los software que está fuera del alcance de un teletrabajador de nuestro país. En la traducción no sólo se usan todos los software de diseño sino que además tenemos asistentes computerizados de traducción que nuestros clientes nos demandan pero que lamentablemente los teletrabajadores de nuestro país no podemos comprar y que tienen un precio a veces mayor a 1000 dólares. En muchos casos esto nos impide competir con teletrabajadores europeos o de América del Norte, lo que ineludiblemente restringe nuestro mercado.

Otro de los problemas con los cuales me enfrenté como teletrabajadora es que el precio y la forma de pago es en definitiva establecido por el cliente y poco cuenta nuestra voluntad. Además muy lamentablemente al saber que somos latinoamericanos nos ofrecen un tercio del precio de mercado de sus países de origen y esto es insalvable. Esto quiere decir que en el mejor de los casos recibiré un tercio del pago que reciben mis colegas europeos o americanos., haciendo el mismo trabajo.

Frente a todas estas dificultades la solución es buscar espacios creativos y contenedores para el teletrabajador, como justamente es TIC. Cuando hace tres años empecé a recibir el boletín de TIC y a conocer sus primeras actividades sentí que ese espacio existía en algún lugar y que ya no estaba tan sola frente a mi PC.

Para poder competir en este mundo un poco perversamente globalizado debemos crear estructuras que nos contengan y que nos ayuden a crecer, pertenecer a foros y ser muy activos en la búsqueda de información sobre nuestra tarea como teletrabajadores y por supuesto indudablemente conocer muy bien las herramientas informáticas. Lo esencial sin embargo para el teletrabajador es crear redes que lo contengan, que lo exhiban y que lo informen. Cada uno de nosotros debe activamente buscar ámbitos convenientes para salir del anonimato y para estar cada día más informado. Para todo esto el trabajo de establecer redes es de máxima relevancia.

El hecho de trabajar individualmente como teletrabajadores no debe impedir que creemos comunidades virtuales cuya pertenencia refuerza nuestra propia imagen y nuestras posibilidades de teletrabajar. En mi caso personal la mayor parte del trabajo que recibo es a través de los contactos con mis colegas que he establecido en los foros y no de los clientes directamente por eso insisto en la importancia de no descuidar la integración a redes y a tener en ellas una participación activa.

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