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“
Un reloj imaginario de la historia que representara
con cada segundo periodos de diez años
de la existencia del planeta, nos mostraría
que la aparición de la vida fue hace
48.000 horas; la aparición del hombre,
hace 24 horas; la aparición de la ciencia
unos 40 segundos y la conquista del espacio
hace poco más de tres segundos. Sin
embargo, aproximadamente en los últimos “20
segundos” del supuesto reloj, la población
del planeta se ha triplicado y la cantidad
de descubrimientos, inventos y modificaciones
generados por ese “ser de las 24 horas”,
supera todo lo producido durante las 23 horas,
59 minutos y 40 segundos restantes…Algunos
investigadores afirman que hay datos para suponer
que la información diaria contenida
en un periódico relativamente importante
de hoy, es mayor que la que incorporaba un
campesino europeo del siglo XVII en toda su
vida”
La cita anterior da cuenta de la vertiginosidad
de los cambios culturales en la sociedad actual
y sin lugar a dudas muchos están íntimamente
vinculados con las nuevas tecnologías
de la información. Estas tecnologías
tienen un impacto significativo no solo en
la producción de bienes y servicios
sino en el conjunto de las relaciones sociales.
En fin, la tecnología ha explosionado
en nuestras vidas y con ella se ha cambiado
no sólo la dimensión del espacio
y del tiempo, sino que hasta la misma noción
de realidad comienza a ser repensada a partir
de las posibilidades de construir realidades
virtuales que plantean inéditos problemas
e interrogantes de orden epistemológico.
Espacios remotos pueden acercarse y conectarse
increíblemente y lo mismo puede señalarse
de los tiempos, de la velocidad de las transmisiones…
Este fenómeno sin lugar a dudas ha conmocionado
las distintas áreas donde tiene lugar
la vida humana: la educación, la salud
y por supuesto, el trabajo.
En relación con este último la
tecnología plantea nuevas organizaciones
de trabajo, aunque algunos futurólogos
han llegado a vaticinar el fin del trabajo.
Una de ellas es hoy la que nos convoca aquí:
el teletrabajo.
El teletrabajo conlleva entonces a una
nueva e inédita organización del trabajo.
Ahora bien, los contextos históricos
siempre suponen conjuntos de significados,
siempre trasuntan distintos discursos imperantes
(que hasta podría decirse, que son previos)
que otorgan sentidos a los hechos que acontecen.
Y así como en Estados Unidos el teletrabajo
se ha desarrollado para evitar los traslados
y la contaminación, en Italia para aumentar
la tasa de natalidad, en Portugal para mejorar
la calidad de trabajo o en el norte de Europa
por el clima, en nuestro país el teletrabajo
surge en un momento histórico particular.
De un lado las políticas neoliberales
habían desvastado el empleo y la legislación
que lo amparaba bajo el pretexto de lo que
se dio en llamar flexibilización laboral.
De otro, una fuerte necesidad de generar espacios
de inclusión social y el trabajo es
por excelencia su resorte fundamental.
Desde
esta doble tensión surge el teletrabajo
en nuestro país, con defensores y detractores,
con interpretaciones que hacían hincapié en
la posibilidad que representaba como generador
de trabajo. Y por otro, las perspectivas que
subrayaban su precariedad en términos
de la invisibilidad de los derechos de protección
laboral, la individualización de la
relación laboral, el silenciamiento
de lo colectivo. Aquellos que veían
en él una forma de integración
social, que reconocían la presencia
de la tecnología como una realidad contundente,
sin discusión. Y aquellos otros que
veían en el teletrabajo el paradigma
del neoliberalismo, de la fexibilización,
que lo entendían como un mero mecanismo
para reducir costos, como una continuación
del trabajo a destajo.
En síntesis, de un lado se enfatizaba
que era una posibilidad de trabajo, y en el
otro extremo una pérdida que echaba
por tierra la defensa de los derechos colectivos
de los trabajadores que en tan largas y duras
luchas se habìan conquistado.
En medio de estas fuertes contradicciones,
de esta tensión, la Dirección
de la Carrera de Relaciones del Trabajo, inscripta
dentro de la Facultad de Ciencias Sociales
de la Universidad de Buenos Aires, reconoció el
teletrabajo como parte de las nuevas configuraciones
que se van construyendo en torno al mundo laboral
para promover su análisis y reflexión.
Es así como surge el Centro de Teletrabajo
y Teleformación (CTT) en el año
2000 que desde sus orígenes estuvo coordinado
por la Mg Sonia Boiarov, graduada de la Carrera.
Y esta inscripción institucional que
tiene el teletrabajo le otorga un escenario
interesante para su desarrollo porque esta
inscripción institucional en la Carrera
de Relaciones del Trabajo, de la Facultad de
Ciencias Sociales (UBA) supone(como significados
previos):
- el
prestigio de pertenecer a la Universidad
de Buenos
Aires
-
la
posibilidad de generar conocimiento,
de investigación,
la posibilidad de reflexión,
de debate con los diferentes
actores que lo constituyen
sobre todo en términos
del logro de políticas
de ordenamiento jurídico-laboral
dentro del ámbito
del Ministerio de Trabajo,
Empleo y Seguridad Social
de la Nación,
como es el caso de este
evento académico.
Es
decir, si el teletrabajo se inscribe dentro
de la universidad pública
más
importante del
país esto equivale a
decir que lo fundamental
es promover la construcción
de condiciones
que lo hagan un trabajo digno
y decente, promover
la constitución
de actores colectivos
que se sindicalicen y organicen
en pos de la defensa y resguardo
de sus intereses
como ya vienen haciendo algunos
sindicatos. Porque
no se trata solamente de
cuidar al trabajador
como individuo, porque ya sabemos
que la psicologización
como discurso “epocal” deja
silenciado lo colectivo, lo sociopolìtico.
Y porque en definitiva el sentido último
de la universidad pública,
que es lo mismo que ser del pueblo
y para el pueblo, es devolver
a quienes la sustentan
conocimientos que puedan
generar prácticas
sociales justas,
equitativas, solidarias
que logren, en
resumen, transitar
la vía hacia
una sociedad cada
vez más
inclusiva.
NdR:
NdR: El CTT tiene dos directores, se omitió el
nombre de Naum Poliszuk.
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