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Por
Sebastián Premici
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| 15
de julio de 2006
Sin
horario y sin límites |
Cada
vez más se extiende la modalidad
de trabajar en el hogar conectado a
la computadora. Reducción de
costos para empresas. Ausencia de regulaciones. |
Con la crisis de la convertibilidad y la posterior
devaluación, los empresarios locales
e internacionales comenzaron a desarrollar
el teletrabajo como un mecanismo para reducir
costos, a partir de la deslocalización
y la mediación de las tecnologías
de la información y las comunicaciones.
El teletrabajo se convirtió en el paradigma
de la flexibilidad, trastrocó cuestiones
centrales como la duración de la jornada,
cargas sociales, pertenencia a un ámbito
laboral común, remuneraciones y el control
de los trabajadores.
Según una encuesta preliminar realizada
para el proyecto ETIS-LAC (Exportación
de teleservicios para la inclusión socio-laboral
de América latina y el Caribe), dirigido
por Sonia Boiarov, de los 500 casos relevados,
el 71,6 por ciento realiza teletrabajos para
Argentina mientras que un 25 por ciento exporta
sus teleservicios hacia Europa; Estados Unidos
y Canadá; Latinoamérica y Caribe.
Un dato llamativo: sólo el 23,1 por
ciento está en relación de dependencia.
El Ministerio de Trabajo creó en 2003
una comisión dedicada al estudio de
este tema con el objetivo de diseñar
un marco normativo mínimo para impulsar
el teletrabajo en relación de dependencia.
El proyecto en cuestión –que se
encuentra a la firma del ministro Carlos Tomada– define
que los teletrabajadores gozarán de
los mismos derechos que los demás empleados
en relación de dependencia; que los
empleadores deberán proveer el equipamiento
necesario y financiarán su mantenimiento;
y en caso que el trabajador aporte su propia
computadora, el empresario deberá contemplar
la totalidad de los gastos. Según indica
la investigación del proyecto ETIS-LAC,
el 87,5 por ciento de los encuestados se hace
cargo de sus propios materiales de trabajo,
el 79,6 paga la conexión a Internet
y otro 76 manifestó que también
asume los gastos telefónicos. Para el
abogado Ignacio Funes de Rioja, “mucho
de lo que se hace en el país como teletrabajo
está en una nebulosa, no se registra
ni como relación laboral ni como una
locación de servicio”.
Uno de los puntos más discutidos en
el seno de la comisión que dio forma
a un posible marco jurídico fue el relacionado
con la jornada laboral y la remuneración.
Alejandro Bellicoso, asesor técnico
de la Federación Argentina de Empleados
de Comercio y Servicios, explicó a Cash
la siguiente situación: “Un empleado
de un estudio jurídico comienza a teletrabajar.
Su empleador lo manda a la casa y le empieza
a girar tres casos por día y al final
de la semana posee más de diez expedientes
para analizar con el consiguiente mensaje del
jefe de personal: Acomodate los horarios como
quieras, total estás en tu casa. Habrá días
donde el teletrabajador no contará con
una jornada de trabajo y otra de descanso sino
que tendrá una única jornada. ¿Cómo
se regula esta situación?”.
El proyecto lo deja abierto
a que los empresarios y los sindicatos lo
negocien en los convenios
colectivos. Sin embargo, ésta es una
cuestión central del teletrabajo, actividad
que modifica radicalmente el concepto histórico
de la jornada laboral. “Los teletrabajadores
poseen características peculiares, por
lo tanto, creo que los sindicatos tradicionales
deberían aggiornarse, es decir, modernizarse
para poder englobar en sus organizaciones esta
franja de trabajadores. Esto obedece a un nuevo
orden público del trabajo donde no se
pensará más en la clásica
jornada laboral y sí en un tiempo de
disposición, donde los empleadores harán
los aportes –por ejemplo– en proporción
a la cantidad de horas que el empleado estuvo
disponible”, aseveró Viviana Díaz,
coordinadora de la Comisión de Teletrabajo
de la cartera a cargo de Tomada.
La jornada laboral es fundamental
para pensar cómo funciona la flexibilización
en el teletrabajo. La tendencia de los empleadores
es individualizar al teletrabajador y no establecer
un vínculo estrictamente laboral con él,
sino comercial. Se remunera por objetivos,
existe una relación de continuidad con
el trabajo a destajo. Y como los trabajadores
deben autogestionar su propio empleo y tiempo,
existe el temor a decir que no. “El teletrabajador
se autocontrola, se autoexige. Es una nueva
forma de organización del trabajo bajo
un contexto de flexibilización laboral”,
concluye la investigadora de la UBA Amalia
Miano.
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