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La oficina en casa, el trabajo en el hogar.
Hay más de 320.000 hogares que funcionan como oficinas. Según este artículo del diario Clarín, son las casas que hoy tienen por lo menos una computadora y un servicio telefónico de uso laboral. Pero, si se incluye a quienes realizan trabajos manuales, este número asciende a 680.000.
Son arquitectos, vendedores, investigadores, docentes. Con una computadora personal, un fax, seguramente Internet, convirtieron algún rincón de sus casas en oficina y pasaron a motorizar una tendencia de la sociedad que hoy llega al 3,2 por ciento de las casas del país que funcionan como hogar-oficina.

Definidos como aquéllos en los que hay al menos una computadora y servicio telefónico de uso laboral, los hogares-oficina son 320.000, según determinó una encuesta realizada en agosto en hogares de usuarios residenciales de telefonía básica por la consultora Carrier y Asociados.

En la investigación se indica que las casas en las que se trabaja son el 12 por ciento —en total, 680.000 hogares— si se cuenta también aquellas que no son oficinas, sino que se utilizan para otro tipo de tareas, como las manuales. Por ejemplo, el que produce tortas que luego vende en casas de té, o el artesano que realiza su obra en la casa. Esos serían hogares de trabajo, pero no oficinas.

De la encuesta surge un dato muy importante: más del 40 por ciento comenzó a trabajar desde su casa hace cerca de dos años. Sólo el 31,3 por ciento trabaja en su casa desde hace más de cinco años. Esto tiene una lectura: en Argentina la crisis está jugando un papel importante en la transformación del hogar en lugar de trabajo.

En cuanto al tiempo de trabajo en la casa, una de cada tres personas trabaja en su hogar todo el tiempo. El resto, en tiempo compartido. Pero de los que tienen su casa convertida en oficina el 82,4 por ciento trabaja part-time. Es decir, trabaja en su casa y afuera también.

El profesor Javier Lindenboim, economista, director del Centro de Estudios de Población, Empleo y Desarrollo (CEPED) de la UBA e investigador del Conicet, dice "las estadísticas ocupacionales demuestran tibiamente esta tendencia en el país; pero no porque seamos más modernos sino porque tenemos más problemas".

A diferencia, sostiene Lindenboim, de los Estados Unidos, donde existe "una compleja red de relaciones económicas que utiliza primordialmente servicios de consultoría". Se trata, define, de "un conjunto de actividades de índole intelectual, donde efectivamente hay una descentralización del trabajo: menos gente se desempeña en un mismo lugar físico haciéndolo para un único empleador. Allí, se da el fenómeno de las personas que trabajan para varios empleadores".

El doctor Agustin Salvia, investigador del Conicet y de la UCA, señala que "en un contexto recesivo, la actividad descentralizada de las empresas se reduce por un problema de costos" y califica a este rubro como "inestable, flexible y elástico". En general, explica, "está sometida a los vaivenes del mercado que te toma cuando te necesita y te deja cuando no hacés falta".

Enrique Carrier, director de la consultora que hizo el trabajo, indica que "esta tendencia no sería posible sin el constante desarrollo y la creciente masificación de la tecnología".

"Internet por banda ancha, la posibilidad de conectar dos computadoras hogareñas en red, la chance de escanear o mandar por mail esa lista de precios pedida por el cliente... Para quien tiene el hardware, éstas y otras tecnologías logran que laboralmente sea lo mismo trabajar en una casa que montar una oficina. La distancia pasa a ser un tema completamente irrelevante e innecesario", afirma.

Pero socialmente no es lo mismo. "Para mí, para mi trabajo, da una mala imagen", dice un especialista técnico que trabajó para organismos internacionales y ahora es consultor free lance.

"No es lo mismo que llamen a tu casa y atienda tu hija a que lo haga una secretaria —explica—. Pero claro, para tener oficina tendría que pagarle, a ver, a una secretaria 500 pesos por cuatro horas diarias y otros 250 para el alquiler. No me da el presupuesto", reconoce.

Pero aclara que lo único que podría darle la oficina es imagen de persona importante. Funcionalmente, no la necesita. "Por otro lado, con una notebook, con un buen servicio de Internet, una impresora y un escáner, estoy en la mejor oficina del mundo".

Carrier considera que esta forma de trabajar es "perfecta para las profesiones liberales". Y observa que la tendencia no tiene retorno. "Superado el acostumbramiento inicial, se hace difícil volver a la rutina del trabajo convencional. La gente que conozco que lo está haciendo está muy contenta. La oficina hogareña llegó para quedarse". El tiempo dirá, pero... ¿será el fin del trabajo convencional? Más bien, dice Carrier con un toque de ironía, "es el trabajo sin fin...".

Fuente: Gabriel Giubellino. http://old.clarin.com/diario/2003/09/30/s-632681.htm

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