actualidad

Por Alejo Giles
alejogiles@sinectis.com.ar
Hiperinflación
Multitud, trabajo, desempleo, esperanza. Algunos apuntes sobre el pasado y el futuro.

Los momentos de crisis que atraviesan a los hombres producen incredulidad. La Modernidad dio a luz a un nuevo fenómeno social: la multitud. Las personas empezaron a experimentar la convivencia en lugares comunes, el hacinamiento, el trabajo a destajo. Los primeros hormigueros humanos no presentaban antecedentes en la historia.

En la actualidad, esto puede ser difícil de concebir desde nuestra experiencia urbana. Pero en el momento de la constitución de las ciudades, el desborde de seres humanos confluyendo desde el campo desató una crisis que Ortega y Gasset describió con precisión: "las ciudades están llenas de gente, los hoteles llenos de huéspedes, los trenes llenos de viajeros, los cafés llenos de consumidores, las playas llenas de bañistas. Lo que antes no solía ser problema empieza a serlo casi de continuo: encontrar sitio".

Cuando las previsibilidades que hacen posible la vida se quiebran, el futuro se hace incierto. En el nacimiento de la Modernidad la certeza de saber que "hace y quiere toda esa gente aquí" hizo que, en los años en que la revolución industrial se estableció como sistema de producción hegemónico, la existencia de los seres humanos fuese caótica.

Hoy en nuestro país, las previsibilidades de la vida cotidiana están rotas. Las ciencias sociales estudiaron por treinta años el fenómeno de la expulsión de mano de obra hacia el desempleo estructural. Esta crisis parece haber encontrado su lugar de realización final en Argentina.

La pregunta que puede plantearse cualquier persona en actividad es: ¿si pierdo el trabajo, podré conseguir otro a corto plazo? Y más allá: ¿podré conseguirlo aunque sea en el largo plazo? Y aquel que está desempleado puede preguntarse: ¿puedo darle de comer a mi hijo mañana? Este tipo de incertidumbre puede conducir al caos, a la disgregación.

El índice de inflación de abril publicado por el INDEC marca una cifra que se acerca al 10% en lo que va de 2002. Cualquiera que siga la escalada de los precios de los bienes de primera necesidad tiene derecho a desconfiar de este número. Pero si seguimos puntualmente los datos del INDEC, basta para preocuparse. En el momento en que el salario toca su récord histórico (negativo), este 10% tiene efectos hiperinflacionarios: capas sociales enteras expulsadas de nichos de consumo.

Es común escuchar "llegó la hora de ajustarse el cinturón", "alguien iba a tener que pagar la fiesta" o "Argentina necesita un plan sustentable". ¿Sustentable para quién? Estos son eufemismos a los que recurre el poder para deslindar sus responsabilidades.

Una buena

El desafío es reconstruir un sistema que produzca acumulación y que no agudice la injusticia. La solución será argentina o no será nada. La clave está en la aparición de núcleos de producción alternativos, redes en donde la columna vertebral sea la solidaridad entre las personas. Allí es donde el crecimiento de los telecentros y el teletrabajo surge como una bocanada de aire fresco.

Aunque algunos especialistas sostienen que el teletrabajo encubre una nueva forma de flexibilización, contar hoy por hoy con un proyecto que articule tecnología con recursos humanos, es renovador.

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