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Por Alejo Giles
alejogiles@sinectis.com.ar
Internet después del temblor
La autopista de la información sufrió más por la congestión de visitantes que por la destrucción de los atentados.

Para muchos, el 11 de septiembre fue el día que cambió al mundo. Al desplomarse las Torres Gemelas en el corazón de la city neoyorquina la paz mundial quedó en suspenso y las consecuencias de este atentado son aun hoy difíciles de calcular.

Aquel martes fatídico también puso a prueba a los complejos sistemas de transmisión de información de N.Y y del mundo. Los medios tradicionales pudieron transmitir en vivo el desarrollo de los acontecimientos. Tanto la radio como la TV nos tiene acostumbrados al efecto de simultaneidad capaz de impactar de lleno sobre la cotidianeidad de las personas. A fin de cuentas no fue la primera y no será la última (lamentablemente) catástrofe que se transmite en directo.

Pero la pregunta es cómo reaccionó Internet a la vorágine de acontecimientos que tuvo en vilo a todo el planeta. ¿La espiral de destrucción que envolvió Manhattan tuvo alguna consecuencia también sobre las estructuras de la Red? ¿Internet se mostró eficiente ante la demanda compulsiva de información que se desató después del ataque?

La mamá de la Red
El embrión de lo que hoy conocemos como Internet empezó a desarrollarse a principios de los setenta al calor de la Guerra Fría. Por esos años la amenaza nuclear planteaba la necesidad de desarrollar sistemas de comunicaciones seguros, difíciles de infiltrar y sobre todo que siguieran en funcionamiento aun después de una potencial agresión externa. Los delirios apocalípticos veían a las ciudades norteamericanas en ruinas y los sobrevivientes huyendo a búnkers subterráneos. Y lo peor, todo el potencial bélico imposible de ser operado por la destrucción de los sistemas de comunicación.

La solución pergeñada por los expertos en seguridad de Estados Unidos fue ARPANET, una red de ordenadores, conectada a los grandes computadores centrales de la Universidad de California en Los Angeles, la Universidad de California en Santa Bárbara, el instituto de Investigación de Stanford y la universidad de Utah. En un par de años, otras instituciones educativas y de investigación se unieron a la red. En respuesta a las amenazas de un ataque nuclear, ARPANET fue diseñada para comunicar de manera continua en caso de que uno o más sitios fueran destruidos. A diferencia de ahora, cuando millones de personas tienen acceso a Internet desde su casa, trabajo o biblioteca pública, ARPANET servía sólo a los profesionales de las computadoras, ingenieros y científicos quienes sabían su funcionamiento.

Afortunadamente a pesar de haber sido pensada con objetivos militares, ARPANET plantó las bases para el desarrollo de Internet, hoy en día herramienta de uso primordialmente civil.

Una Red indestructible
No es descabellado suponer que por estos días la historia haya dado lugar a una trágica paradoja: posiblemente el recoveco en el Pentágono en donde hace treinta años se pensó en ARPANET como sistema de comunicación inmune a las bombas, haya sido blanco del reciente atentado.

Mientras en New York, Manhattan era polvo y pánico, Internet siguió funcionando normalmente y batió récords de tráfico. La Red no se vio afectada por los derrumbes, sino por una súbita congestión que hizo casi imposible el acceso a los sitios de noticias horas después de los atentados.

Los sitios multiplicaron su número de visitas. La Red se hizo masiva y sólo www.clarin.com registró 3.000.000 entre el martes 11 y el miércoles 12 de septiembre.

Algunos habrán concluido que Internet superó la prueba y siguió funcionando pese al caos. Quizás los mayores daños los sufrieron las oficinas centrales de algunas empresas puntocom radicadas en lo que era el World Trade Center y que fueron sepultadas por montañas de escombros.

Aun sin poder competir en masividad con la televisión, Internet superó con creces la prueba del primer acontecimiento de interés global desde la llegada de la Web, su interfaz comercial, allá por el año 1995.

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