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MCST Sonia Boiarov
www.boiarov.com.ar |
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15
de junio de 2007
En
el mes de mayo participamos en el
CENF 2007 realizado en Bariloche.
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| Agradecemos
la invitación al Sr. Mario Giannoni
y les transcribimos la ponencia sobre "Teleformación
para el Teletrabajo". También
los invitamos a leer otras disertaciones
ingresando en http://www.cenf2007.com.ar/ |
Teleformación
para el teletrabajo
Contexto histórico
1990 fue la década en la que se produjeron
importantes cambios económicos, políticos
y sociales. En ella se puso de manifiesto la
gran importancia de las nuevas tecnologías
de la información y comunicación
como instrumentos para el trabajo, así como
también hicieron necesaria y urgente
la definición de un nuevo modelo de
desarrollo regional y local con equidad y justicia.
En la medida en que avanzamos y nos introducimos
en la Sociedad de la Información y el
conocimiento, la TIC’s van modificando
nuestro entorno, y por consiguiente nuestra
vida. Hablamos de telemedicina, de teledemocracia,
de telehogar (domótica) y también
de teletrabajo.
Si bien para los países más desarrollados
esta es una práctica que cuenta con
millones de adeptos. El desarrollo en LAC viene
creciendo desde la aparición de INTERNET,
coincidiendo con momentos críticos de
niveles de empleo.
La investigación Etis-Lac mostró que
el teletrabajador argentino tiene un promedio
de edad de 37 años.
Con respecto al promedio de
edad arrojado en este estudio, donde los
respondentes rondan
los 37 años, realizando un cálculo
rápido podemos decir que la mayoría
de estas personas nacieron en el año
1969. Si consideramos los años de estudios,
estarían recibidos de una carrera de
grado a los 25 años, alrededor de los
años 1993/1994.
Observemos que estos años son coincidentes
con aumentos en los niveles de desempleo y
el acceso a Internet en mayor grado a partir
del año 95.
Podría
inferirse que en los países
de la investigación donde esta modalidad
de trabajo más se ha desarrollado ha
tenido un motor fundamental: "el desempleo".
En Argentina en el año 2004 contábamos
con 300.000 oficinas en hogares y en el año
2006 llegaron a 800.000, creció en 2,5
veces. Tanto es así, que ya es usual
leer en los clasificados inmobiliarios que
se ofrecen o venden departamentos con home-office,
o home network.
Aunque en muchos casos nos apropiamos lentamente
de las tecnologías, el uso para el trabajo
se produce casi sin darnos cuenta, por lo que
en muchas ocasiones no nos reconocemos como
teletrabajadores. Un ejemplo de ello son muchos
tutores que trabajan desde su casa dictando
cursos on line.
El impacto de las tecnologías en las
tareas que cada uno de nosotros realiza ha
sido de tal magnitud que convirtió nuestro
trabajo en universal. Un teletrabajador independiente
o telempleado en relación de dependencia
puede brindar sus servicios fuera del país
solo teniendo Internet y sabiendo enviar mails.
Cuando iniciamos las actividades en el Centro
de Teletrabajo y Teleformación en el
año 2000, uno de los motivos principales
fue el éxodo de jóvenes. La nueva
ola emigratoria había bajado la edad
del migrante y el futuro desarrollo del país
que debía encausarse hacia la Sociedad
de la Información y el conocimiento,
se iba como el agua entre los dedos.
El CTT fue aprobado en esas circunstancias
para buscar caminos alternativos de retención
del capital intelectual, tanto actual como
futuro.
Uno de los primeros pasos que dimos fue el
relacionado a la necesidad de formación.
Si bien podemos teletrabajar con herramientas
sencillas como decíamos antes, muchas
personas que perdían su trabajo y tenían
su PC en el hogar no la veían como un
medio de producción.
Así comprendimos que aunque se pueden
conocer herramientas informáticas, muchas
veces no se tiene este conocimiento orientado
hacia el trabajo y mucho menos sentimos real
que somos parte de un mundo globalizado o que
Internet puede ser nuestro espacio laboral.
Encontrábamos que las iniciativas gubernamentales
habían puesto mayor énfasis en
el acceso a las nuevas tecnologías (TIC´s)
que en los usos y el valor que ellas podían
tener.
Los cursos intensivos de teletrabajo
fueron un paso de avance en la Sociedad de
la Información,
donde la facultad a través del Centro
de Teletrabajo y Teleformación jugó un
rol fundamental.
¿Porque se consideró importante
diseñar estos cursos de teletrabajo?
Porque la apropiación y el buen uso
de las TIC's - Tecnologías de la Información
y las Comunicaciones, era en muchos casos la única
oportunidad frente a un mundo que cambiaba
permanentemente y que dejaba a miles de personas
excluidas del "sistema laboral".
El desempleo era y aún lo es uno de
los problemas recurrentes en todo el mundo.
Pensar la problemática del desempleo
nos obliga a replantearnos el trabajo como
estructurante de la psicología humana
y de sus relaciones sociales.
Algunos pronostican que se
ha terminado la época
del empleo para pasar a la época del
trabajo pero lo que es real es que en este
panorama laboral mundial se producen cambios
fundamentales que nos obligan a pensar y comprender
el nuevo mundo en que vivimos.
Por eso, este programa de capacitación
alentaba la reflexión de aquellas personas
que necesitaban reconvertir sus saberes profesionales
y técnicos para convertirse en trabajadores
del mundo global a través de la metodología
del Teletrabajo.
¿Qué competencias
requiere un teletrabajador?
Poder teletrabajar implica
el desarrollo de competencias específicas,
si bien muchos teletrabajadores son autodidactas,
existen
cursos no formales que pueden acelerar el proceso
para alcanzar ese objetivo.
¿Por qué hablamos de teleformación?
Porque gran parte de las competencias que
se necesitan se adquieren teletrabajando, y
para ello nada mejor que aprender a distancia.
Las competencias abarcan no solo los “conocimientos”,
sino el “saber hacer” y por sobre
todo el “saber ser”.
Así cuando comenzamos a teletrabajar
es necesario que podamos tomar decisiones,
aprendamos a organizar nuestra vida familiar
y nuestra agenda de trabajo, que podamos realizar
actividades en forma cooperativa con un compañero
que tal vez no conozcamos, que podamos realizar
una comunicación a través de
un mensajero instantáneo, y que sepamos
sobre la utilidad de una oficina virtual para
concretar un negocio o cumplir con un objetivo
de trabajo.
También será necesario desarrollar
alguna destreza para solucionar problemas que
se presenten en nuestro ordenador ya que el
soporte técnico de la empresa no estará tan
a la mano. Con el tiempo tal vez tengamos que
aprender a dirigir un equipo virtual o a realizar
reuniones efectivas usando medios disponibles
en Internet y será imprescindible que
nos entrenemos en pautas básicas para
el comercio internacional si queremos convertirnos
en exportadores.
Aún cuando trabajemos en relación
de dependencia tendremos que desarrollar habilidades
como si fuéramos a trabajar en forma
independiente.
Todas estas habilidades y destrezas que se
presentan como un desafío y que tenemos
que desarrollar en mayor o menor medida de
acuerdo a nuestra actividad, constituyen nuestras
competencias para teletrabajar. A través
del esfuerzo, el aprendizaje que realizaremos
y de nuestra propia experiencia, seremos más
o menos competentes para trabajar en forma
remota.
Tal vez pase mucho tiempo hasta que la educación
formal cubra las necesidades de un teletrabajador.
Por lo tanto un buen instrumento que tenemos
a nuestro alcance es el de poder certificar
las competencias que den aval a esos conocimientos
adquiridos y que se traducen como estándares
de desempeño. Una certificación
puede posicionarnos ventajosamente al momento
de ser contratados o de vender un teleservicio.
La certificación de competencias da
formalidad a los conocimientos no formales.
Por otro lado, es muy importante para el tele-exportador
poder dar ciertas garantías, algo así como
contar con una certificación de calidad
de sus servicios.
Una iniciativa interesante es la que desarrolla
Ework Learnet. Un consorcio europeo que ha
desarrollado los primeros estándares
de competencias transversales para el e-trabajo.
Ellos han definido cinco áreas competenciales:
1. Organización del e-trabajo a la distancia
2. Gestión de recursos humanos en la
distancia
3. Dirección a la distancia
4. Comunicación eficaz en la distancia
5. Uso eficaz de las Tecnologías de
la Información y las Comunicaciones
para el e-trabajo.
Actualmente el 13% de la fuerza laboral activa
en Europa puede considerarse como e-trabajadores.
De ellos el 7,5% teletrabaja en su domicilio
y el 4% son itinerantes.
Tal vez lo más interesante es que el
40% de la población económicamente
activa europea se manifiesta interesada en
el e-trabajo permanente, de acuerdo a la información
brindada por Ework Learnet.
Argentina no está fuera de estas iniciativas
y se encuentra abocada a desarrollar un proyecto
de certificación de competencias.
Nuestra experiencia con UNESCO, Regional
Ecuador
Durante el año 2002 recibimos un importante
apoyo de UNESCO Ecuador, pudiendo entregar
en el año 2003, 250 becas gratuitas
para la formación en teletrabajo de
jóvenes emprendedores y PyMES.
Los problemas de trabajo-empleo
en nuestra región, sumado al anacronismo que tiene
en muchos casos la educación formal,
hicieron que estos cursos hayan sido muy bien
recibidos por la sociedad y el resultado del
trabajo realizado, satisfecho las expectativas
de quienes tuvieron la responsabilidad de llevarlo
adelante.
Durante el año 2004 se capacitó a
coordinadores los Centros Tecnológicos
Comunitarios (CTC´s) del Programa de
la Sociedad de la Información de la
Secretaría de Comunicaciones de la Nación),
más conocidos en América Latina
con el nombre de Telecentros .
En el año 2005 se realizó el
Encuentro Regional para la Inclusión
laboral de personas ciegas .
Los cursos dictados fueron:
• Introducción
para trabajar a distancia.
•
Cómo elaborar un proyecto personal y
herramientas para el teletrabajo.
• E-commerce para emprendedores.
•
Experiencia de Formación para el Trabajo
a Distancia en Brasil
Algunas
características
de los cursos:
Salvo el curso de introducción que
hoy se ha convertido en una beca permanente
para teletrabajar a distancia , los restantes
cursos cuentan con un tutor. Los participantes
desarrollan sus actividades trabajando en grupos
pequeños. Ello permite aprovechar la
diversidad de saberes y promover relaciones
multiculturales positivas, construyendo un
nuevo saber que se enriquece en forma colectiva.
La interacción entre los becarios también
se ve enriquecida, en la confrontación
de diferentes puntos de vista y en el mismo
conflicto sociocognitivo que deberá ser
resuelto por cada miembro para asegurar el éxito
de un teletrabajo bien desarrollado aun cuando
tenga que asimilar perspectivas diferentes
a la suya, con personas ubicadas en lugares
remotos.
Esta interacción significa una mayor
riqueza de experiencias educativas que ayudó a
los becarios a examinar de forma más
objetiva un entorno posible de teletrabajo.
El curso planteaba diferentes problemas que
los becarios resolvían en forma creativa
para enfrentar tanto en el contexto de estos
cursos como en la vida laboral.
Además, como valor agregado esta interacción
y confrontación a la que son expuestos
los participantes lleva implícita la
exigencia de exponer por escrito sus pensamientos
(ideas, opiniones, críticas, etc.) ante
sus compañeros de grupo, desarrollando
sus capacidades de expresión escrita.
Muchas de estas capacidades
se ven limitadas en la tradicional pedagogía más
individualista donde existen escasas instancias
de interacción entre los grupos.
Sobre el uso de las tecnologías: Trabajamos
con entornos de aprendizaje de código
abierto, ya que conocemos que muchos de los
becarios no podrán acceder por lo menos
en forma inmediata a un soft privativo o pago.
El uso de la plataforma tecnológica
por lo general alcanza un bajo porcentaje de
dedicación con respecto al total del
curso y luego cada participante contará con
las herramientas para poder transformarla en
su propia oficina virtual.
¿Qué educación
necesitamos?
“Una educación que eduque en
valores”.
Los valores son pautas sociales
que se harán
visibles o se pondrán de manifiesto
en las relaciones sociales.
La “inclusión” es un valor
en sentido objetivo, pero para que sea un valor
social debe encarnar en cada uno de nosotros,
debe tener un significado individual pero al
mismo tiempo debe ser entendido y compartido
por todos. Esta extensión del valor
a la sociedad es posible con una educación
orientada hacia ellos. Solo de esta forma será una
real oportunidad de desarrollo con equidad
y justica para todos.
Si la inclusión tiene valor para cada
uno de nosotros será más fácil
unir ambas palabras que plantea este congreso “desarrollo
inclusivo”, entendido como la elaboración
e implementación de acciones y políticas
enfocadas al desarrollo socio-económico
y humano que apunten a la igualdad de oportunidades
y de derechos para todas las personas, independientemente
del status social, género, condiciones
físicas o mentales y raza.
También la contribución
de cada ser humano al proceso de desarrollo
que es
concebido de forma amplia, debe ser valorado.
En todo lo que hablamos de
teletrabajo hasta aquí no hay ningún motivo de
exclusión por ningún concepto,
discapacidad, sexo, edad,... sea cual fuere
que tengamos o imaginemos, siempre que no altere
nuestras facultades mentales o no nos permita
acceder a los medios telemáticos.
El
teletrabajador necesita “conocimientos” y
TIC´s, teniendo ambos, esto los iguala
en oportunidades dentro de
la sociedad de la información y el conocimiento.
Sin
duda el acceso a las TIC´s y la
educación son el más grande desafío
de esta época. Se trata de pasar del
discurso de los “derechos”, de
los discapacitados, de las mujeres, de los
jóvenes, de los grupos vulnerables,
de los indígenas, de los excluídos...
a otro discurso técnico-analítico
y práctico
que busque soluciones y se concrete en una
verdadera inclusión.
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