Editorial

El desempleo es un motor de innovación

Si hablamos de la evolución de la sociedad agraria a la industrial no podemos dejar de recordar las enormes migraciones de campesinos hacia las ciudades en busca de mejores oportunidades. ¿Cuál ha sido el motor para la migración de estos colectivos?: la falta de trabajo.

La reforma agraria instaurada en Inglaterra en el Siglo XVIII cercó los campos y comenzó una explotación intensiva de los cultivos facilitada con la nueva tecnología agropecuaria. Desarrollo que impactó sobre el empleo y lo redujo a la su minima expresión. El campo ya no daría las oportunidades que los habitantes necesitaban. Sin tierras y sin trabajo los campesinos no tuvieron más remedio que ir a la ciudad.

La ciudad prometía un futuro diferente. Las fábricas convertían la riqueza inmueble del campo, en riqueza mueble dada por las mercancías que se producían. Abría un nuevo mundo de posibilidades y esperanzas.  

Sin embargo, la cantidad de trabajadores que se desplazaban a la ciudad fue de tal magnitud que el exceso de oferta de mano de obra produjo abusos por parte de los dueños de las fábricas. Estos se palpaban en salarios magros, empleo de menores y terribles condiciones de trabajo. En medio del caos de este cambio social, político y económico, la burguesía industrial creció, se capitalizo y estableció sus propias reglas.

Aparecieron dos clases sociales:

  1. burguesía industrial, dueños de las maquinas, que por su tamaño no era posible tener en el hogar y se ubicaron en fabricas, y
  2. proletariado industrial, los trabajadores u obreros.


Con el tiempo fue necesario que los obreros se organizaran para ejercer el contrapeso necesario y hacer más digno el trabajo. La lucha de clases fue la condición necesaria para una sociedad más igualitaria.

La introducción de nuevas tecnologías, fuentes de energía y producción y consumo masivos produjo los 50 anos de oro de la Sociedad Industrial. La economía de nuestros países se expandió y genero riquezas que incluyo a gran parte de la sociedad, hasta que una nueva crisis, una contracción al modelo de desarrollo y la introducción de nuevas tecnologías nuevamente produjo un desempleo de dimensiones no imaginadas y que aun no se soluciona.

El empleo formal y decente que los estudiosos se empeñan en encuadrar dentro del marco de la sociedad industrial, no da oportunidades a todos.  A riesgo de ser injustos, solo para sintetizar -pero reconociendo honorables excepciones- nos encontramos ante abusos con características adaptadas a esta época que se ciernen peligrosamente sobre nosotros. Magros salarios hacen de los trabajadores nuevos pobres que no logran sostenerse, largas jornadas que superan las 8 horas, desesperanza en el desarrollo o progreso dentro de la empresa, y la alta rotación de jóvenes, completan un panorama desalentador. Lamentablemente es más negro el escenario si le sumamos el maltrato y el mal humor que encontramos en ocasiones en nuestros lugares de trabajo.

La generación Y ya no tiene en su mente hacer carrera en una empresa y mucho menos sacrificar tantas horas de su vida encerrado en una oficina para que luego llegue ese recomendado por el presidente de la empresa y ocupe el lugar vacante que tanto habían esperado.

Aparece así un caprichoso equilibrio entre el trabajo formal, -disminuido en cantidad de empleados- y el trabajo informal -compuesto por jóvenes que eligen su independencia, por mayores que no logran insertarse en el trabajo tradicional y por  profesionales free/lance que buscan otras oportunidades. Es un periodo de cambio trascendental que no puede detenerse.

A cada periodo de crecimiento y desarrollo le sobreviene uno de contracción que lo renueva y expande pero con características renovadas.

Nuestro desafío no es fácil. Tenemos que comprender el devenir histórico de los ciclos económicos y su impacto en los cambios sociales para reconocernos en el medio de la dicotomía de una sociedad industrial en contracción y de una sociedad de la información que recién comienza a expandirse.

En medio del caos que produce todo este cambio, del dolor de la falta de empleo, estamos obligados a innovar. Todo cambio trae dentro de si mismo oportunidades no imaginadas, antes imposibles, hoy al alcance de la mano… en el living… en nuestra computadora.

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