Editorial

El reloj y el teletrabajo

La sociedad industrial sigue estirando lo que tiene, para cubrir las nuevas necesidades de la sociedad de la información. De esta manera las leyes de una intentan dar cobertura a la otra, pero no todo da soluciones… a veces solo restringe las posibilidades de desarrollo.

01-02-11

Uno de los temas de debate en el teletrabajo consiste en resolver la ecuación dicotómica de: romper o respetar los mecanismos de control de horarios. Hay posiciones tomadas en ambos sentidos que intentaré resumir.
El reloj ha sido históricamente determinante del mundo industrial. Se entra a la fábrica o se llega a la oficina en un horario preciso, y se deja de trabajar en un horario determinado,  aunque con razón muchos piensen que en esta época es más “imprecisión del horario de salida” que lo contrario, pero este no es el tema del editorial de hoy.

La escuela adoptó un horario de entrada y otro de salida, en su necesidad de acompañar este proceso de la Sociedad Industrial. Millones de personas se capacitaron en el mundo y el conocimiento se multiplicó.

Con la llegada de la especialización y la mecanización, la productividad de ese momento aumentó en más del 400%. La vida misma duplicó sus perspectivas de subsistencia gracias al avance tecnológico y científico que modificó la medicina. Pasamos de 900 millones de personas en el año 1800 a 6000 millones a finales de los noventa.

Si buscáramos una palabra que representara la época industrial yo elegiría sólo una de tres letras “MAS”. Tuvimos más de todo, más trabajo, más tecnología, más productividad, más gente, más cosas, más autos, más educación, más universidades, más salud, más vida, más contaminación, más ricos. … MÁS…!

La vida se cronometró, la producción y la jornada laboral marcaron el ritmo del progreso. La vida ya no se regía por la claridad u obscuridad del día, sino por un elemento externo: el reloj.

Pero, en los últimos 40 años se sufrieron los cambios que están dando nueva fisonomía a la vida actual. De una sociedad basada en el poder de la electricidad y el combustible pasamos a otra sustentada en la microelectrónica y la información.

Sería imposible resumir los cambios en pocos renglones. En solo 40 años transformamos lo que a la sociedad industrial le ha llevado 250 y a la agraria 10000 desde que dejó de ser nómada!

La influencia tecnológica que da forma a la telemedicina, a la teledemocracia, a la domótica, a las formas en que nos relacionamos, a la forma en que trabajamos, ha sido enorme! Nadie imaginó los cambios que traería la telemática. Poner una computadora personal sobre los escritorios y unirla con las telecomunicaciones fue como la explosión que produce la unión de las cargas positivas y negativas de un rayo.

La expansión de las telecomunicaciones satelitales  y el desarrollo tecnológico le dieron la escala global y el poder de la ubicuidad.
¿Qué pasa entonces hoy con la importancia del tiempo?  De la administración científica planteada por Taylor con su grado de obstinación por eliminar el tiempo muerto en los procesos de producción llegamos a un mundo de trabajo sin horarios.

Es entendible entonces que estirar las leyes no resulten todo lo eficiente que podría ser y aparezcan diferentes posturas sobre qué hacer con el tiempo y el teletrabajo. ¿Deberían los teletrabajadores cumplir horario y si se exceden cobrar horas extras o bien podrían tener horarios más flexibles y ser dueños de su libertad para administrar el tiempo como les venga en ganas respetando los objetivos o resultados del trabajo?

Un derecho adquirido por los trabajadores es cumplir un promedio de 8 o 9 horas y en muchos casos cobrar horas extras cuando se exceden del horario. Muchos opinan que este derecho se ve coartado con el teletrabajo y pretenden que los teletrabajadores mantengan  los horarios de trabajo.  Un poco de gatopardismo para esta época, es decir mantener “ lo que es” pero “aparentando ser” otra forma de trabajo.

¿Qué opinarán los jóvenes de la generación Y cuando les controlemos el tiempo de loggeo y no les permitamos moverse de 9 a 18 horas mientras teletrabajan en el living de la casa?

Para algunos como es mi caso, no necesitamos ser de la generación Y para no estar dispuestos a sacrificar la libertad que nos da el teletrabajo.
“Cumplir horario” lleva implícito desarrollar mecanismos de control para verificar el efectivo “cumplimiento del horario”. Qué formas de control tenemos en la Soc. de la Información? ¿Una webcam? Para ver al trabajador simulando que está en la oficina de 9 a 18hs.? ¿Un software de gestión que loggee o desloggee  y controle el tiempo que estamos en la computadora? ¿Cuántos otros mecanismos tendremos para saber que el teletrabajador cumple el horario de trabajo?

Sea como  sea el control de horario que se le imponga al teletrabajador, ello limitará su libertad. Eliminar la flexibilidad horaria en los trabajos donde no hay necesidad de cumplirlo es una limitante que facilita y hace más cómodo el control por parte de los jefes.

Pero imaginemos que con el tiempo también podríamos eliminar la flexibilidad del lugar (flexiplace) porque no podemos cubrirlos con los seguros del trabajo previstos en las leyes de seguridad  e higiene laboral actuales (las de la Soc. industrial) y eliminamos la flexibilidad horaria porque no podemos controlar al trabajador (como lo hacíamos en la sociedad industrial), habremos entonces terminado con el teletrabajo. ¿Será este el avance hacia el cual va el mundo?

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