Experiencias

Víctor Abel CaveroVíctor Abel Cavero
viktorcavero@hotmail.com

Telework2010: Impresiones de un día feliz

Algunas veces se puede percibir en el aire y en las miradas que algo nuevo y trascendente ha empezado a ocurrir. Un clima especial domina el espacio y puede sentirse que serán diferentes las cosas después de la consagración de aquella atmósfera y sus realidades.

15-9-2010

El 27 de agosto de 2010 es la fecha de un retrato de vivencias que para mí marcan un antes y un después en mi vida por la magnitud y la concentración de vivencias y pespectivas. El Telework y su mundo han representado en La Argentina una significación profunda de la llegada de una revolución laboral, desde la tecnología y la democracia, que refleja el paso histórico para la Humanidad  dado en la creación de un sistema nivelador y de libertad que trajo  la apertura de Internet. Ese paso se proyecta en el ADN del  Teletrabajo donde también ingresa una exhalación popular de la necesidad y del derecho de ser feliz y a trabajar sin fronteras ni supercontroles.  Un paso que despeja horizontes para erguir aún más la piedra fundacional del Teletrabajo en nuestro país, que fue sede del evento académico internacional  con una fiesta de las ideas, un día que supera la frontera  de los días, con pie de huella.

Podía verse en los rostros un gesto plural.  Había una idea tallada entre los  rasgos, las palabras,  las visiones  Se podía palpar una intensidad que deviene la sustancia.  Había muchas cosas importantes  por comunicar, después de dos jornadas donde el tratamiento de los temas había vibrado varias veces su forma. Las conferencias se multiplicaban y en la avidez por absorber sus contenidos se instalaba la admiración y la alegría, dos componentes que tejían ese momento donde la naturaleza del discurso se hacía diálogo del ansia, interrelación de sentimientos y convicciones.

      En un marco de conocimiento que provenía de la reunión de papers, teorías y tesis,  que se acentuaba con la forma en  que se daban las conferencias, tan claras y contundentes, se abalanzaba  el torrente de riqueza conceptual y práctica que arrojaban las mesas de trabajo con una fuerza que me hizo pensar en la sensación que puede generar el techo de la Capilla Sixtina, pero esta vez, ante más de un Miguel Ángel o quizás, todos allí  éramos la recreación de un artista plural de propuestas y perspectivas, sosteniendo juntos un sincel que tallará muchas aristas del futuro,  y un pincel que pintará altos techos de los días.

       Adentro del bellísimo recinto de Ciencias Económicas se pudo asistir a una fiesta donde los hechos académicos traían la convicción de los Ideales.  Se percibía ese matiz en la alegría de saber que el sendero es certero y que lo hacemos juntos, y que somos aquello que estamos pasando a ser, futurizando este presente de crear conciencia, en el que se debaten orillas entre norte y sur del poder de la tecnología y el conocimiento.  El Teletrabajo atraviesa las sociedades y es un emergente imparable que conlleva la idea de los fundadores de la Web,  de una horizontalidad de la información, sin guardianes ni controladores de destinos. Este perfil yo lo sentía en el clima del lugar, en los sonidos y en los silencios de la situación que significaba estar allí para celebrarlo. Se reunían los estamentos de un origen que desde Grecia para acá trazan una rica dialéctica: la búsqueda de respuestas y la intensidad de la pasión, deviniendo en equilibrio.

      Desde el inicio del evento empezó a llegar la textura temática del Teletrabajo, de sus conquistas y sus posibilidades, como si empezara a soltarse la tela de un vasto tapiz, que nos integraría a todos entre sus pliegues. Cada conferencia traía un aire fresco, de renovación, aquella que el Teletrabajo está esparciendo en el planeta. Escuchar y ver a distintas personalidades académicas  resultó un placer y una necesidad. Todos tuvieron un factor común en el rigor de la convicción, en las dosis de humor y en la calidez. La sensación que despertaba era la de una gran familia, en pos de un bien común, afirmada en la realidad de sus logros y en la esperanza.

       En el retrato restropectivo de las conferencias y artífices se  advierte la imagen de la realidad que soñamos, con integración de nacionalidades de distintos hemisferios y altitudes; una metáfora del mundo y los pueblos sin barreras y portando la bandera de la hermandad humana.
   
          Hubo algo ciertamente luminoso desde la Bienvenida en la Apertura  hasta la conferencia de cierre del evento y que tuvo además en la música de despedida una expresión de fragancia, como aquella que sucede al final de un día despejado. 

       El clima académico invitaba a una avidez de conocimiento y de investigación; a una necesidad de descontarle pasos al horizonte.  En los breaks continuaba el torrente en el diálogo fértil,  como sucede en los cafés después de las cátedras apasionadas, donde la clase se proyecta  en amplios debates, espandiendo la universidad afuera de sus orillas.

        En la primera  exposición a cargo  de Wendy Spinks se pudo vislumbrar la textura que nos acompañaría en toda la jornada: una materialización  de sueños, con datos,  reflexiones y definiciones del significado de la Evolución.  Tener a la Directora del ITA en un Telework en Argentina y escucharla disertar era ver el futuro y su significado.

        Sentir el desarrollo de los ejes temáticos iba abriendo el paso a nuevas emociones que viví de una manera muy especial, por diferentes factores: la capacidad y el entusiasmo de Cristran Salazar, el torrente conceptual de Flavio Rúffolo, entre tantas voces que nos iban enriqueciendo; el instante en que levantaron sus manos los teletrabajadores presentes, las palabras de Naum Poliszuk que generaron un momento de altísima emoción,  que iluminaba las lágrimas; los conceptos en torno a las políticas públicas y a los modos de  legislación del Teletrabajo que después de saberlos muy avanzados y concretados en países hermanos de América Latina fueron doblemente emocionantes en boca de Sonia Boiarov en cuanto a los avances y  posibilidades en nuestra tierra. Ver la forma en que Sonia era citada en las conferencias era sentir la magnitud de su gesta. Su voz y sus disertaciones traían un sereno manantial, que deslizó en todas sus intervenciones. Disfrutamos de amplitud temática y formal con   videoconferencias, y exposiciones con variados perfiles que marcaban pautas imperdibles: Amparo Arango,  Andrew Gaudes, Jorge Llubere, Francisco Ortiz Chaparro, entre tantos,   reuniendo a países de culturas muy diferentes unidos por el mismo horizonte innovador. Se hablaba del Teletrabajo en el mundo, y se palpaban sus conquistas. Fue conmovedor ver en la gran pantalla a las Torres de Teletrabajo con imágenes de última generación, en la virtualidad tridimensional. Otro momento inolvidable. 

          La sociedad de la información y el conocimiento agita sus puertas y se halla horizontal, a la espera de sus habitantes libres.

         Desde mi humilde lugar quiero agradecer a todos los constructores de esta realidad y expresarles mi admiración, en especial a Sonia, mi querida amiga, a quien volví a  ver después de muchos años.

       Más allá de los matices y las vertientes temáticas la sensación es que la revolución laboral ha llegado, y que con ella otros cambios podrán llegar en una ocasión quizás única de entrelazar el conocimiento y la tecnología con la matriz de los pueblos. 

    El Teletrabajo es una realidad y está renovando al mundo, se puede percibir en el aire y en las miradas.  Una nueva etapa de la Humanidad ha empezado. Y el día 27 de agosto de 2010 lo proclama desde Argentina para siempre.

                                                                                               Víctor Abel Cavero

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