Teletrabajo en Argentina

Nuevas formas organizativas para el trabajo. De la fábrica al edificio virtual

El desempleo es un motor de innovación. Si hablamos de la evolución de la sociedad agraria a la industrial no podemos dejar de recordar las enormes migraciones de campesinos hacia las ciudades en busca de mejores oportunidades. ¿Cuál ha sido el motor para la migración de estos colectivos?: la falta de trabajo.

Fecha: 17 de mayo de 2010

La reforma agraria instaurada en Inglaterra en el Siglo XVIII cercó los campos y comenzó una explotación intensiva de los cultivos facilitada por la nueva tecnología agropecuaria. Desarrollo que impactó sobre el empleo y lo redujo a la su minima expresión. A partir de entonces, el campo ya no daría las oportunidades que los habitantes necesitaban. Sin tierras y sin trabajo los campesinos no tuvieron más remedio que ir a la ciudad.

 

La ciudad prometía un futuro diferente. Las fábricas convertían la riqueza inmueble del campo, en riqueza mueble dada por las mercancías que se producían. Se abría un nuevo mundo de posibilidades y esperanzas. 

 

Sin embargo, la cantidad de trabajadores que se desplazaban a la ciudad fue de tal magnitud que el exceso de oferta de mano de obra produjo abusos por parte de los dueños de las fábricas. Estos se palpaban en salarios magros, empleo de menores y terribles condiciones de trabajo. En medio del caos de este cambio social, político y económico, la burguesía industrial creció, se capitalizó y estableció sus propias reglas.

 

Aparecieron dos clases sociales:

1-   burguesía industrial, dueños de las máquinas, que por su tamaño no era posible tener en el hogar y se ubicaron en fabricas, y el

2-   proletariado industrial, los trabajadores u obreros.

 

Con el tiempo fue necesario que los obreros se organizaran para ejercer el contrapeso necesario y hacer más digno el trabajo. La lucha de clases fue la condición necesaria para una sociedad más igualitaria.

 

La introducción de nuevas tecnologías en la industria, las fuentes de energía y el desarrollo de formas masivas de producción y de consumo, produjeron los 50 años de oro de la Sociedad Industrial. La economía de nuestros países se expandió y generó riquezas que incluyó a gran parte de la sociedad, hasta que una nueva crisis, una contracción al modelo de desarrollo y la introducción de otras nuevas tecnologías nuevamente produjo un desempleo de dimensiones no imaginadas y que aún perduran.

 

El empleo formal y decente que los estudiosos se empeñan en encuadrar dentro del marco de la sociedad industrial, no da oportunidades a todos.  Vivimos un nuevo ciclo de contracción como sucedió en el pasaje de la sociedad agraria a la industrial que comentábamos al principio de este abstract.

 

A riesgo de ser injustos, solo para sintetizar -pero reconociendo honorables excepciones- nos encontramos ante abusos con características adaptadas a esta época que se ciernen peligrosamente sobre nosotros. Magros salarios que hacen de los trabajadores, los nuevos pobres que no logran autosostenerse, largas jornadas que superan las 8 horas, desesperanza en el desarrollo o progreso dentro de la empresa, y la alta rotación de jóvenes, completan un panorama desalentador. Lamentablemente es más negro el escenario si le sumamos el maltrato y el mal humor que encontramos en ocasiones en nuestros lugares de trabajo.

 

La generación “Y” ya no tiene en su mente hacer carrera en una empresa y mucho menos sacrificar tantas horas de su vida encerrado en una oficina, para que luego llegue ese recomendado por el presidente de la empresa y ocupe el lugar vacante que tanto habían esperado.

 

Aparece así un caprichoso equilibrio entre el trabajo formal, -disminuido en cantidad de empleados- y, el trabajo informal -compuesto por jóvenes que eligen su independencia, por mayores que no logran insertarse en el trabajo tradicional y, por  profesionales free/lance que buscan otras oportunidades. Es un periodo de cambio trascendental que no puede detenerse.

 

A cada período de crecimiento y desarrollo le sobreviene uno de contracción que lo renueva y expande pero con características propias. Ellas hacen necesario repensar los escenarios de desarrollo y generar nuevas categorías para su análisis.

 

Nuestro desafío no es fácil. Tenemos que comprender el devenir histórico de los ciclos económicos y su impacto en los cambios sociales para reconocernos en el medio de la dicotomía de una sociedad industrial en contracción y de una sociedad de la información que recién comienza a expandirse.

 

En medio del caos que produce todo este cambio y del dolor de la falta de empleo, estamos obligados a innovar. Todo cambio trae dentro de si mismo oportunidades no imaginadas, antes imposibles, hoy al alcance de la mano… en el living… en nuestra computadora, en Internet.

 

Tomando este desafío nos proponemos reunir a los teletrabajadores que hoy se encuentran dispersos y desorganizados en Torres de Teletrabajo (www.torresdeteletrabajo.com.ar).

Torres de teletrabajo es un edificio virtual. No existe en la realidad. Constituye en sí mismo una nueva realidad: la virtual, solo posible debido al avance tecnológico y a la INTERNET.

Aunque para muchos es difícil trabajar en base a la abstracción, ésta existe, y se basa en el conocimiento. Se convierte en un nuevo modo de producción y en un nuevo trabajador: el teletrabajador. El producto de esta fuerza productiva reunida en este edificio es virtual y constituye un nuevo paradigma.

La riqueza de las naciones de hoy es la suma de sus productos materiales e intangibles.

Torres de Teletrabajo, no es una empresa, no es una bolsa de trabajo y tampoco es una red social. Es un edificio con oficinas virtuales que únicamente reúne en un solo lugar el capital intelectual y pone el conocimiento de los trabajadores en acción productiva a disposición de cualquier persona que lo necesite y quiera contratarlo.

No interviene en el proceso de la contratación, solo acerca a las partes. Los empresarios sabrán dónde buscar y los teletrabajadores tendrán un lugar para ofrecerse. Es el lugar no físico, inmaterial,  para aquellos micro empresarios, emprendedores y profesionales que no saben cómo empezar a teletrabajar.

Es en definitiva una nueva forma de organización, no prevista anteriormente, que colabora en crear trabajo. La contratación es directa entre el interesado y el teletrabajador. Ello evita la intermediación, mejora la distribución de los ingresos, y permite suavizar los altos y bajos de una actividad independiente.

Se basa en la colaboración ya que todos se comprometen en difundir y vender los servicios del edificio, no sólo el servicio individual, lo que genera una sinergia inimaginable en otras épocas que puede verse al poner en Google “torres de teletrabajo” para ver la cantidad de veces que aparece un proyecto que será lanzado en el mes de marzo.

Para cuando se presente el paper en el mes de mayo, se presentarán los avances y las reflexiones que se recopilarán durante estos meses.

Fuente: ()