Editorial

El reconocimiento del inicio del universo

Se recreó el momento en que se inició el universo hace 13.700 millones de años…

[1-4-2010] Los científicos desarrollaron una tecnología que permitió impactar los protones a la velocidad de la luz para recrear el inicio del universo. La aventura que empezó hace nueve años, inventó una máquina subterránea que se extiende entre Suiza y Francia, de 27 km de largo que permite darle velocidad a los protones desde ambos extremos hacia el centro, para provocar una colisión similar a lo predicho en la teoría del Big Bang.

Esta posibilidad de creación del instante mismo en que la “nada” se convierte en el nacimiento de todo, le valió el nombre de “Maquina de Dios”.

Es el experimento físico más caro de la historia de la humanidad, tuvo un costo de 9.000 millones de dólares. Uno podría preguntarse cuántas otras cosas hubiéramos hecho en este mundo con semejante cantidad de dinero. Es casi lo que se necesita por año para terminar con la pobreza extrema en todo el mundo. Pero, el avance científico no puede detenerse y un descubrimiento como éste podría dar lugar a nuevas teorías científicas, o incluso terminar con algunas de ellas y tener derivaciones aún difíciles de imaginar.

Lo que nos llamó la atención es que no se nombre -en las reiteradas notas publicadas en estos últimos días- a los autores de la teoría del Big Bang: Stephen Hawking, y Roger Penrose. ¿Por qué es tan difícil reconocer el trabajo de los demás?

Hace no mucho paseando por la hermosa ciudad antigua de Quito, escuché a un personaje vestido de patriota que oficiaba de guía de turismo para mostrarnos los lugares históricos destacados en un recorrido por sus calles. Al terminar él dijo: La historia de Quito no morirá mientras haya personas que la recuerden. Nos pedía a todos no olvidar a Quito para que ella viviera para siempre.

Tal vez gracias a él, quise recordar a Stephen Hawking y a Roger Penrose. El primero reconocido por su llegada al público masivo con una ciencia dura como es la física. Muchos dicen que representa la inteligencia descorporizada. Mente sin cuerpo, pues ya no puede moverse ni hablar, producto de una enfermedad llamada ELA, Esclerosis Lateral Amiotrófica que se le manifestó a los 21 años. Por sugerencia de su tutor de tesis en Cambridge, conoció a Roger Penrose y a su teoría sobre los agujeros negros y la singularidad. Desde allí en adelante no pudo dejar de profundizar estas teorías que explican que el inicio del universo empezó con una gran explosión o big bang.

Pero volviendo a nuestro tema, la falta de reconocimiento parece ser un factor común en el mundo de hoy. Todos nosotros tenemos a alguien a quien no queremos reconocer, desechamos, no nombramos, nos alejamos, no toleramos o ignoramos y en muchos ámbitos somos nosotros los que no somos reconocidos o las instituciones a las cuales pertenecemos. Finalmente nos encerramos en este círculo sin reconocimiento que nos impide avanzar. Vulgarmente hablamos de “ningunear”.

A diferencia del “ninguneo”, el reconocimiento implica ver al otro, sus acciones, y también verse a sí mismo. Si reconocemos la injusticia podemos actuar, revelarnos, y producir un cambio. Si nos reconocemos injustos o nos reconocen injustos, también podemos producir un cambio en nosotros.

El reconocimiento es una construcción social, pone en juego la autoestima y hasta los  afectos y sentimientos en la relación con los otros. No basta reconocerse a sí mismo. Se requiere que los otros valoren lo que hacemos, o somos. Ello nos da coraje y nos anima a seguir o a cambiar.

La carrera de relaciones del trabajo nos alienta a reconocer a los otros, a los que se esfuerzan, a los que tienen talento. El reconocimiento puede darse de diferentes maneras, con una promoción, con un aumento de sueldo, con un incentivo, con una palmada en la espalda o simplemente nombrando al otro en el lugar y momento adecuado.

¿Qué pasaría si practicamos el reconocimiento aún con aquellos que no nos reconocen y tal vez no lo hagan nunca? ¿Seremos capaces de construir una sociedad sobre la base de tolerancia, el reconocimiento y el respeto a los demás?

Es difícil responder a estas preguntas, pero no podemos pedir a los otros, lo que nosotros no estamos dispuestos a poner en práctica. Por eso, tal vez lo único que podamos hacer es empezar por nosotros mismos. Reconozcamos aquello que nos ha servido para crecer, lo que el otro hace bien, las buenas ideas, en fin… démonos cuenta de que necesitamos un cambio… empezar por uno es el primer paso hacia una sociedad mejor.

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